La heroica resistencia de los barrios abiertos
En varios countries, el personal de vigilancia y el de mantenimiento deben registrarse. Nunca se usó la palabra "censo", porque no hacía falta. Rosa Bertino.
La mujercita se empecina en aplacar la tierra del patio suburbano. Es modista y tiene una apreciable clientela. La casa es linda, con mucho verde y rodeada de ligustro. Toda la zona es agradable. Esos terrenos supieron cotizarse bien, allá por los años 1980. Aunque ya no abundan los interesados, se sigue construyendo y refaccionando. A cada rato aparecen en el diario, y no precisamente en la sección Arquitectura. La (in) seguridad es el tema excluyente de conversación entre los vecinos. "No tenemos paz, ni de día ni de noche… Vemos caras raras, pero la Policía dice que no puede andar parando gente así porque sí", cuestiona la mujer. Entra a la casa y regresa con una pila de boletas. "Yo quiero que vea cuánto pago de impuestos, luz, agua y gas. Ahora vaya al barrio cerrado más próximo, y entérese cuánto les cuesta a ellos. En algunos pagan incluso menos que yo". Trato diferencial. En realidad, la mujer no objeta el precio del kilovatio o la tasa municipal. Lo que le molesta es que los barrios cerrados reciban un trato diferencial, ya que pueden hacer todo aquello que se les critica a los barrios abiertos. Por dar un ejemplo: a 500 o mil metros de la polémica Urca hay varios condominios. Para ingresar a los mismos, albañiles, jardineros y servicio doméstico, así como el sodero, el verdulero, remises o la unidad de emergencia, tienen que identificarse y esperar la autorización. A nadie se le ocurre cuestionar esa medida, porque es el motivo por el cual sus residentes eligieron vivir allí. Eso les da cierta seguridad. En varios countries , el personal de vigilancia y el de mantenimiento deben registrarse. Nunca se usó la palabra "censo", porque no hacía falta. Pero tampoco sabemos bien cuál es la diferencia entre "censo" y "registro". Calificación. "Es a mí a quien tendrían que dar alternativas y recursos, porque sigo resistiendo en un barrio abierto", se enfurece el marido de la costurera. Mucho antes que Urca, ellos intentaron que la policía hiciera operativos "cerrojo". Es decir, que apostara unidades de vigilancia en los accesos al barrio. En la otra punta, en barrio Acosta, están buscando la forma de "cercar" la zona. "Tenemos que impedir que se vengan los de los barrios de al lado", dice Anahí, peluquera en Nueva Córdoba. "Acosta está lleno de viejos que ya no pueden sacar la silla a la vereda. Los demás tenemos que avisar que estamos llegando, para que nos busquen en la parada del colectivo". Por más que uno la escrute, y coincida con lo que dicen o escriben colegas librepensadores, Anahí no tiene pinta de discriminadora. Más bien parece la víctima, y no la causante de una situación. Y no falta demasiado para que los centros vecinales se unan y pidan una ordenanza que les permita rodear o aislar las zonas álgidas. Variedades. El problema es vasto y complejo. Basta con recordar que la cantidad de uniformados, públicos y privados, creció tanto o más que la delincuencia. Parece que estuvieran jugando una carrerita. Significa que la solución no pasa por ahí. Pero seguramente no pasa por considerar discriminante la iniciativa de un barrio abierto, y aceptarla como norma en uno cerrado. Es obvio que esto favorece a los últimos. Por algo ha crecido tanto la variedad y oferta de condominios.

