Hacé la tuya, nomás, que total es gratis
El año próximo, cerca de medio millón de hogares de Córdoba capital (el censo 2010 registró 490.842) tributará 30 por ciento más al municipio. Rosa Bertino.
El año próximo, cerca de medio millón de hogares de Córdoba capital (el censo 2010 registró 490.842) tributará 30 por ciento más al municipio. En general, todos los presupuestos para 2013 se están aprobando con aumentos. Al menos, la Municipalidad se tomó la molestia de prometer mejores servicios, aunque el intendente también imagina que competirá por la Gobernación. Qué manía la del per saltum político… Los funcionarios no terminan de ocupar el cargo para el que fueron votados, que ya ven de escalar al próximo. Basura al cubo. Entre los anuncios formulados, se destaca la reingeniería de la recolección de residuos para 2013-14. Costará la friolera de unos 45 millones de pesos por mes, más el 30 por ciento de aumento. Si fuéramos un pueblo más pulcro y educado, nos ahorraríamos un montón de plata. Como la que se destinará a emplazar contenedores para que "el vecino no esté sujeto a los horarios de recolección domiciliaria". Encima que le pasan a buscar la basura por su casa, ¿no puede sacarla cuando corresponde? Qué martirio. Es muy feo tener que pagar a cambio de poco y nada. O sentir que la mitad o más del impuesto municipal, provincial y nacional se destina a pagar sueldos de empleados que rara vez están conformes con su sueldo y hacen huelgas cuyo principal damnificado es el contribuyente. Un círculo enfermizo, que no justifica que cualquiera haga lo que se le da la gana, porque total es gratis. En lo que hace a la vida cotidiana, es muy difícil compartirla con los que nunca limpian la vereda, no cortan yuyos, dejan la canilla goteando, arrancan árboles y no los reemplazan (porque "el aire acondicionado ¡es más limpio!"), o sacan el perro a defecar al cantero de al lado. Esas actitudes constituyen un martirio, sólo corregible con multa efectiva. Aseo personal. El concepto de "aseo domiciliario" primó durante siglos. Las comunas no tenían por qué hacerse cargo y sancionaban al infractor, porque "el desaseo es una de las causas de enfermedad". Entre mis textos de cabecera, está la ordenanza sancionada por José Antonio de Sucre en 1822, cuando fue intendente de Quito, en la Gran Colombia. Algunos artículos me dejan al borde de las lágrimas. Por ejemplo: "Las plazas serán limpiadas por los prelados o curas de los conventos o parroquias a las que pertenecen, y serán responsables de mantenerlas así".
Para disfrutar de este otro, se recomienda un fondo de música barroca colonial: “Los que dejasen de asear su frente según lo mandado, pagarán por la primera vez una multa del valor doble a lo que costare hacerlo, de la cual se aplicará, la mitad al trabajo de asear su parte de calle, y la cuarta parte a los encargados de la policía y otra cuarta parte al Hospicio”. Prosa sublime, conceptos irrecuperables…

