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El gran mal del "no me importa"

Antes, no se sabía nada de nada; ahora se sabe demasiado de todo, lo cual también es una forma de ignorancia. Rosa Bertino.

17 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
El gran mal del "no me importa"

La gente no es tan manejable como uno cree. O, en todo caso, suele estar tácitamente de acuerdo con los manejos de un candidato, un animador televisivo o un editor de chimentos. Pero no es fácil saber cómo arma sus opiniones o preferencias, en una época caracterizada por el exceso de información. Antes, no se sabía nada de nada; ahora se sabe demasiado de todo, lo cual también es una forma de ignorancia. Aun así, no cabe duda de que la violencia social y doméstica representa la mayor aflicción comunitaria. Las tapas de revistas insisten con el "amor" entre Paula y Peter, la última desgracia de Juanita, el oprobio familiar de Karina, que lloriquea en tanga y decúbito dorsal, o la desventura de Carmen, quien asegura: "Yo era una cornuda contenta". Por las caras, se nota que ya nadie les cree, o no les importa. Enseguida vuelven al tema que les interesa y que no figura en ninguna de esas portadas: las "picadas" fatales; los incendios provocados; la joven de 19 años degollada frente a su nena de 2; otro colectivo que cruzó un semáforo en rojo o el paso a nivel y dejó decenas de víctimas.La ciencia y el progreso no tienen respuesta o antídotos para el gran mal contemporáneo del "no me importa". Si puedo zafar, zafo. La religión perdió su ascendiente y para muchos no es más que una cuestión social, una manera de juntarse y pasar el rato. La moral, aquello que nos humanizaba y hegemonizaba, dejó de regular conductas. Ciudadanos, gente de la cual uno nunca hubiera pensado, hoy protagonizan cerca de la mitad de los escalofriantes hechos que aparecen en Sucesos. La otra mitad son delincuentes y malhechores propiamente dichos. Por desgracia, sólo el castigo puede hacernos recuperar la razón. Antes provenía de nosotros o de la comunidad. Ahora es tarea de un tribunal o comisaría. Esto lo hace más lerdo, complejo y no siempre efectivo.