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Ganando peso y perdiendo paz

Aunque suene a consuelo de tontos, convengamos que medio planeta parece estar "de la nuca", aplicando un argentinismo muy apreciado por los lingüistas. Rosa Bertino.

09 de junio de 2012 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Ganando peso y perdiendo paz

Se sabía que este año no sería tan bueno como los anteriores, pero nadie supuso que la incertidumbre reaparecería con tanta celeridad. Es como si hubiera estado esperando detrás de la puerta. Y no es cierto que el argentino promedio esté acostumbrado a la ciclotimia económica, social o lo que sea. Está resignado, que no es lo mismo.También está más gordo, porque la ansiedad engorda. Y más advertido y molesto, porque ciertas conductas, en especial las de un sector muy influyente, estarían incidiendo en las cíclicas recaídas. Conclusión: eliminar esos vaivenes ayudará a combatir la gordura y recuperar la paz interior, toda vez que ambas cosas están estrechamente relacionadas. Es como cuando uno dice "no como por hambre, sino por nervios". Antes nadie le creía, pero ahora podrá exhibir un certificado del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), donde se constata que una hormona llamada ghrelina nos abre insanamente el apetito. Ya tienen identificada a la muy sotreta. Aunque suene a consuelo de tontos, convengamos que medio planeta parece estar "de la nuca", aplicando un argentinismo muy apreciado por los lingüistas. Arriba del cuello está el bulbo raquídeo, que mantiene las funciones vitales. Esta es una época signada por incoherencias que nos recuerdan aquel gran poema de Rudyard Kipling: "Si puedes conservar la cabeza / cuando todos alrededor tuyo la están perdiendo / y te culpan por ello …". Pero If ("Si …") es de 1895 y el indobritánico lo escribió en circunstancias mucho más apremiantes que la cotización del dólar, las edades jubilatorias o hacer cola para ver a Luis Miguel. Conspiración. Es notable cómo las noticias nacionales e internacionales se entrechocan en los diarios. Los indignados de Atenas o Madrid tienen urgencias muy distintas a los "caceroleros" de Buenos Aires. "No pienso vender mis dólares", afirma Mauricio Macri, en lo que para algunos fue un nuevo ejemplo de civismo. En la otra punta, Pablo Micheli, líder de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA), dio el suyo, al convocar al paro general de ayer y levantar un centenar de piquetes a lo largo del país. Después anda criticando a "los del campo", porque hacen huelga.¿Quién los entiende? ¿Será posible que aquí nadie inyecte un pensamiento original y que haya tanta gente con rabia que te empuja a la protesta por la protesta misma? Para mí que, detrás de todo esto, están los fabricantes de comida "chatarra". En EE.UU., donde la crisis dista de amainar, sigue subiendo el número de obesos.En México no saben qué hacer con el narcotráfico y con el sobrepeso. En Argentina, ya son más de tres de cada 10 habitantes. Triste paradoja la de un tiempo en que millares de seres mueren de hambre, mientras otros se consuelan comiendo.