Entrevista. Gambetas, hormonas y barreras: el recorrido de una futbolista trans dentro (y fuera) de la cancha
"Una travesti en la Liga Cordobesa de Fútbol", una crónica de María Mercedes Fernández Tío, pretende ampliar el debate sobre la presencia de las disidencias sexuales en el deporte.
Cuando los ojos de buena parte del planeta están puestos en Canadá, Estados Unidos y México por la disputa de la Copa del Mundo, María Mercedes Fernández Tío, propone un debate más amplio sobre el deporte que la apasiona, el cual le dio varias gratificaciones pero al mismo tiempo también algunas frustraciones.
En 2023 ella se convirtió en la primera mujer trans autorizada para jugar el torneo de fútbol femenino de la ciudad de Córdoba. Sin embargo no pudo ejercer dicha habilitación con continuidad. Más allá de su deseo, en el tema intervinieron otros factores que le han impedido volver a competir.
La pasión de Mercedes por este deporte comenzó siendo una adolescente, cuando jugaba en su escuela de Tucumán, provincia en la que nació. Luego de terminar la escuela secundaria, se mudó a vivir a Córdoba para estudiar en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Fue becaria de Conicet y se licenció en Física. En un periodo en el que se alejó de lo académico, Mercedes comenzó nuevamente a jugar fútbol mixto, algunas pocas horas a la semana.
“No me gustaban las lógicas del fútbol masculino, suelen ser muy individualistas, por lo que me incliné al femenino. Con el tiempo comencé a pensar en este deporte como una actividad más competitiva, también como una acción política y a fantasear con la posibilidad de una futura salida laboral”, recuerda.
A la par, inició un recorrido como escritora. “Yunga”, como también se la conoce a Mercedes, primero publicó Travestismos, multiversos y lenguajes y ahora con su nuevo libro, Una travesti en la Liga Cordobesa de Fútbol, invita a repensar al espectáculo, los roles de género y la accesibilidad.

“Si tuviera que definir mi primera visita al Gigante de Alberdi con una sola palabra, sería ‘vértigo’. Tomada de la baranda, mirando a los Piratas hacer unos tiros al arco para entrar en calor, me hago una pregunta que, al formularla me hace sentir un pequeño agujero negro en mi estómago: ¿Y si un día me toca a mi?”, puede leerse en la contratapa del libro de Pimienta Ediciones.
–¿Cómo definirías la narrativa de esta obra?
–Es una crónica en la que se intercala por un lado mi camino dentro del fútbol, los pormenores previos a mi debut y hasta que pude jugar. A eso se incorpora la posibilidad de ver este deporte en términos transfeministas, el debate de las hormonas y el derecho al goce, entre otras implicancias.
–¿Por qué decidiste escribir un libro sobre las personas trans en el deporte profesional?
–En los últimos años escribí algunos textos en un portal web en los cuáles ya expresaba algunas ideas al respecto. Siempre me gustó escribir y comencé a hacerlo con más regularidad. Y finalmente surgió este proyecto, concebido para poder ayudar a otras personas a que no se sienten excluidas. Al principio lo pensé para todas aquellas que juegan fútbol femenino o les interesa el fútbol, pero terminó siendo un libro para todo público.
–¿Cómo recordás tu experiencia en el club Juniors?
–Los meses que jugué allí fueron un envión importante. Sentí que al día siguiente se iba a llenar de travestis en el fútbol femenino, pero eso no ocurrió. Luego hubo un episodio del cual me responsabilizaron de algo que no hice y me suspendieron. Al volver, las cosas habían cambiado. Ya no existía el mismo apoyo.
“Todavía falta”
Mercedes rememora la frase de la activista Lohana Berkins: “Cuando una travesti entra a la universidad, le cambia la vida a esa persona”. Y la lleva al campo de juego: “Siento que esa es la parte que está faltando todavía. Por más que estuve ahí y logramos poder jugar, igual siento que todavía le falta esa transformación al fútbol femenino como para poder sentirme cómoda. Porque una cosa es la posibilidad de estar y otra es sentirse bien ahí”, explica.
–¿Cómo observas el fútbol femenino hoy?
–No ha cambiado mucho. Por mucho amor que me hayan dado en su momento, siempre me sentí bastante extraterrestre. Si bien hay instituciones que han evolucionado, aún falta que se hable más, que se abran espacios, que más mujeres ocupen espacios de decisión. En algunas estructuras persisten roles de género que mantienen barreras. Incluso existen obstáculos en el espacio físico que se le otorga al fútbol femenino para entrenar o competir.
–En un sentido más amplio, ¿cómo te gustaría que sea el fútbol en nuestro país?
–Me encantaría que existiese una liga en la que todas las personas tengamos las misma posibilidades, en la que más allá de las condiciones técnicas exista un respeto y una valoración del deportista en su integridad. Hemos perdido un poco la admiración por el potrero y rápidamente ponemos el foco en cuánto músculo tiene un jugador en su cuerpo. Yo propondría dejar la obsesión por las capacidades y pensar más en la identificación con el deportista.
–¿Esa identificación de la que hablas la ves hoy en la Selección?
–Yo creo que se dio en el último mundial, lo que no había ocurrido en ediciones anteriores. En diferentes momentos algunos jugadores como Lionel Messi o el “Dibu” Martínez expresaron, además de sus talentos, una dimensión más sensible a los ojos de todos y eso provoca una conexión indudable.


