Flechazos que perduran en el tiempo
La puntería de Cupido parece ser fulminante para algunas parejas. Albert y Soledad se conocieron por Internet y hoy mantienen una relación amorosa que superó las distancias
En el Día de los Enamorados abundan las flores, los bombones y las cenas románticas. Pero, más allá de eso, nunca viene mal regocijar el corazón con historias que, pese a encuentros, desencuentros y complicaciones, tienen un final feliz que se celebra todos los días.
Superar la distancia. Albert Suazo (34) y Soledad Coria (28) se conocieron hace seis años por Messenger cuando él vivía en Tegucigalpa, Honduras, y ella en San Luis, Argentina. "Nos conocimos por Internet, nos pusimos de novios y después nos casamos. Tuvimos un hijo que ya tiene 3 años y vivimos en Villa Esquiú", cuenta Albert.
Soledad relata que se conectaron a través de su hermano, Facundo, porque Albert tenía un grupo de meditación y ella estaba interesada en ahondar en temas espirituales. “Mi hermano me recomendó ingresar a este grupo en Internet, nos hicimos amigos con Albert y de a poco nos fuimos conociendo”, cuenta.
A medida que pasaba el tiempo las comunicaciones entre ellos eran cada vez más frecuentes. “Varias veces a la semana, después todos los días y al final varias veces por día. Si bien no dábamos por sentada nuestra relación, nos faltaba conocernos personalmente. Cuando vino a Córdoba ella estaba terminando la tesina de la carrera de Biología y después se especializó en Biología Molecular”, dice Albert.
Por su parte, Soledad, reconoce: “Fue un chispazo cuando nos encontramos y a la semana estábamos viviendo juntos, todo fue muy rápido”.
Albert dice que tenía la certeza de que ella iba a ser el amor de su vida. “No tuve muchas relaciones antes, yo esperaba una persona muy compatible, pero cuando la vi sabía que iba a ser mi compañera”, asegura el joven, que es historiador y director de una Escuela de Meditación en Córdoba.
“Antes de conocernos yo no tenía proyecto de familia ni de pareja, pero cuando lo vi personalmente sentí que iba a ser mi compañero”, reconoce Soledad.
Albert y Soledad no celebran el día de San Valentín el 14 de febrero sino que trasladaron esa fecha para el 20 de este mes, pues la reconocen como el día donde la pareja se unió profundamente desde el corazón.
“Cada vez que sentimos que hay un motivo para festejar lo hacemos porque tratamos de celebrar nuestro amor en todo lo que hacemos”, dice Soledad.
Amar sin barreras. En el caso de Héctor Fuentes Pedraza (52) y Daniel Meade (37), se conocieron en un boliche hace 15 años y apenas se vieron, antes que los presentaran ya estaban enamorados a primera vista.
Aseguran que fue un flechazo y parece que fue fulminante: a la semana de comenzar la relación decidieron mudarse juntos, y desde hace 15 años viven en barrio General Paz.
Hace dos meses se casaron porque dicen que quieren tener los mismos derechos que cualquier matrimonio heterosexual.
Diez años antes, Héctor había contraído matrimonio con una mujer, con la cual tuvo dos hijos, que conocen a Daniel y lo aceptan como la pareja de su papá.
En cuanto a la fidelidad y la monogamia, Héctor opina que más importante que eso es el respeto y el amor. “Hay que estar atentos para no engancharse con alguien por carencias afectivas”, dice Héctor. En tanto, Daniel, que es camarógrafo y publicista, no cree en la pareja perfecta, sino “en el trabajo con uno mismo primero, para después estar bien con el otro”.
Esta pareja comparte amor y también trabajo en una productora de imagen y diseño, y además administran un centro holístico de terapias complementarias que funciona en barrio General Paz. Por eso hacen hincapié en la importancia de separar los ámbitos, para poder compartir y disfrutar sin discusiones ni problemas constantes.
“Tratamos de no trasladar los problemas de cada uno a la pareja. Por eso vengo haciendo terapia desde hace muchos años”, confiesa Héctor quien es licenciado en Artes Plásticas.
Como cada uno tiene sus costumbres, desde hace un tiempo, decidieron dormir en habitaciones separadas. “Daniel se queda hasta tarde despierto y yo me levanto temprano. A él le gusta ver televisión y a mí no tanto. Es mejor así: cada uno tiene su espacio y tratamos de respetarlo sin tantas estructuras”, agrega Héctor.

