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Nobleza. Federico La Longa Mancini, el conde italiano que vive en Córdoba y reeditará una gala familiar de más de 140 años

Los Mancini son una de las familias más antiguas de la nobleza romana. Federico llegó al país como pareja de la cónsul general de Italia en Córdoba. Juega al polo y al golf, y es un aficionado en dar cuenta del legado de sus antepasados.

12 de mayo de 2026, 13:49
Federico La Longa Mancini, el conde italiano que vive en Córdoba y reeditará una gala familiar de más de 140 años
Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba

El conde Federico La Longa Mancini abre, en persona, la blanca puerta de la casa en el country del Jockey Club. Allí hay una placa dorada que dice “Residenza Mancini”. No hay personal enloquecido dispuesto a cumplir con la tarea cuando suena el timbre. Es él quien abre y sonríe, e invita a pasar.

¿Dónde comienza una entrevista con un conde? Nobleza obliga: es lo de menos. Lo demás sería saciar la curiosidad sin importunar, sin demostrar mucho desconocimiento de un mundo de herencias y de tradiciones ancestrales; e intentar conocer qué hace y cómo vive una persona de familia noble italiana en Córdoba, entre el polo, el golf y la diplomacia.

Federico se sienta en el gran sillón de un señorial juego de living de tono rojo borgoña, que resalta por su acabado satinado y el elegante capitoné. Sus movimientos son calculados, nada parece salirse de control.

Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba
Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba (gentileza)

La sala es uno de sus lugares favoritos de la casa, y el elegido para la charla. Alrededor hay alfombras, cuadros con dorados marcos, varias versiones del escudo familiar, un tapiz de siglos colgado el día anterior; una gran mesa y sillas; los premios obtenidos en el polo (“siempre segundo”, confiesa no sin pudor); libros en varias esquinas, fotografías.

Todo lo que se ve llegó en barco cuando se instaló junto con su esposa, la cónsul general de Italia en Córdoba, María Luisa Lapresa. “Es una sala con mucha historia”, confiesa al final, entre sonrisas, señalando relojes centenarios, pinturas, escudos de armas o platos pintados artesanalmente.

Este lunes 11, Federico replicará en Córdoba una cena tradicional que la familia Mancini hacía en el viejo castillo señorial de San Vittore de Lazio. Un castillo que los norteamericanos destruyeron hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, persiguiendo alemanes instalados en el poblado de una Italia ocupada.

Roma por Córdoba

La cena en Córdoba tendrá idéntico menú al que se preparó casi un siglo y medio atrás, en aquel septiembre de 1885 en que se sirvió pollo y maialino da latte arrosto (pollo y lechón asado) como plato principal, pero donde no faltaron sopa de tomate, torta de crema, hongos y ensaladas. Suena más elegante decir “zuppa di pomodoro”, “torta alla crema Mazzarino”, “funghi” y la “insalate”.

De aquel septiembre de 1885 al septiembre de 2024 en que se instaló en la Argentina, pasaron 139 años. Federico cambió Roma por Córdoba, que tienen a Paulo Dybala en común.

El conde se considera muy interesado en contar y recordar la historia familiar. Realizó al menos cuatro libros al respecto, y hay más en proceso: “Uno sobre la familia Mancini en general, de todas las ramas; uno sobre los condes Mancini, que son biografías de mis antepasados; un álbum fotográfico sobre los Mancini de San Vittore; y uno de heráldica Manciniana, sobre los escudos de armas a través de los siglos”, enumera.

Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba
Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba (gentileza)

“Con un historiador estoy escribiendo otro sobre mi familia y las Américas. Mis antepasados fueron virreyes del Perú”, asegura.

En la casa, los escudos no faltan: en mármol, en madera, pintados, en platos. Aclara que no vació su casa en Roma para traerlos, sino que tiene el doble de todo eso. Lo que no trajo es el árbol genealógico, que mandó a hacer su padre y está en la casa romana.

Allá también quedaron su hija de 14 y su hijo de 12, que vinieron una Navidad a la Argentina, pero no llegaron hasta Córdoba. “El encuentro fue en Buenos Aires, y luego fuimos a Punta del Este”, asegura. “No tienen pensado venir a Córdoba, porque no hay vuelo directo desde Roma. Es Roma y Madrid-Córdoba, o Roma-Buenos Aires y Córdoba. Ellos no cambian de vuelo”.

Similitudes entre países

Para Federico La Longa Mancini, no es tan raro el hecho de ser un conde en la Argentina. Que los hay, los hay. “Sobre el primo de mi padre quizás escucharon, por la herencia millonaria: era el conde Federico Zichy Thyssen”. Se refiere al mismísimo Zichy Thyssen, excéntrico dueño de una increíble fortuna en la Argentina, que murió en 2014, pero hasta 2025 le aparecieron presuntos herederos.

“Criaba una raza de caballos purasangre árabes, como mi abuelo”, dice. El abuelo Mancini tuvo una estancia en Pilar en la década de 1930, hasta mediados de la década de 1950. Luego se fue.

¿Se relaciona la gente de la nobleza que vive en Argentina? ¿Se juntan, por ejemplo, los condes? “Sí, pero en Córdoba no”, asegura.

Federico dice que ve muchas similitudes entre la vida en Argentina y la vida en Italia. “Siempre dije que Maradona, en Nápoles, se sintió en casa. Nápoles es como Argentina, como Buenos Aires”. Menciona a Diego, pero aclara: “Yo soy de la Roma. Nosotros tenemos a Dybala”. Sonríe y (por supuesto que) sabe que es cordobés.

Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba
Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba (gentileza)

Cuestión de orden

Para quien no conoce nada de herencias ni de títulos nobiliarios, La Longa Mancini aclara que él es conde y siempre será conde, por herencia. Su hijo también, como todo primogénito varón.

Hace mucho que integra órdenes de caballería, de Italia, de España, de Portugal. “Ayudamos a quienes lo necesitan. A los hospitales, a los niños. Hay una cuota social que ayuda en todo el mundo, porque cada orden tiene delegaciones”, dice.

No es una sola a la que pertenece, son muchas. La Orden de los Santos Mauricio y Lázaro, creada por la Casa de Saboya; la Orden de Mérito de Saboya; la Orden de la Casa Braganza, por nombrar algunas.

Un castillo de 50 camas con final infeliz

El viejo castillo de la familia ya no existe. No lo conocieron ni él ni su padre, pero sí su abuelo, encargado de contar historias sobre cómo funcionaba aquel lugar de 50 camas. El pueblo de San Vittore crecía y vivía alrededor de aquel castillo. “Pero no era un feudo, eh”, aclara.

“Tuvo un final muy feo. Durante la guerra, el alto comando alemán estaba en la villa que tenemos en San Vittore. Está la villa y está el castillo. Y los estadounidenses bombardearon todos los días el pueblo, porque estaban los alemanes. Antes de eso, el castillo tenía 23 torres, y quedaron solo dos. Destruyeron todo, mataron a muchos habitantes, y otros se escaparon en la montaña”, relata.

Luego de la guerra, la familia Mancini se trasladó a la villa y dejó a la Municipalidad de San Vittore lo que quedó del castillo, que fue dividido en departamentos. “Hay un portal, pero no está más el castillo antiguo”, dice con tristeza.

Todo lo destruido por los norteamericanos en 1944 no pudo recuperarse. “Ah, y los alemanes se escaparon... sin heridos, sin muertos”, aclara.

La “cena a castello” del lunes será una versión moderna de aquellos encuentros en que los Mancini invitaban a la familia, a los amigos. Entre las ruinas del castillo, encontraron un viejo menú, que Federico hará preparar en la gala del club house de El Terrón.

El menú apareció entre los escombros. Después del ataque norteamericano, la biblioteca de más de siete mil volúmenes quedó reducida a casi la mitad, y se perdieron cuadros e infinidad de objetos. “Destruyeron todo”.

Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba
Federico La Longa Mancini, conde italiano que vive en Córdoba (gentileza)

Vida consular y polo

Federico dice que en Córdoba se mueve básicamente con los encuentros del consulado, entre diplomáticos y extranjeros. Antes de ser pareja de María Luisa Lapresa, trabajaba en la dirección general de “una banca muy importante de Roma, MedioCredito”.

¿Extraña ese pasado? “No, no. Me gustaba jugar al polo, no estar en la oficina”.

El polo lo comenzó a practicar desde adolescente, pero viene de una tradición familiar. Su abuelo en la Argentina, que tenía cría de vacas Hereford, contaba con cancha de polo. “Mi bisabuelo italiano jugaba también, en 1910. Es un deporte peligroso. Podés llegar a 40 o 50 km, como una moto”, cuenta. Y detalla con gracia algún accidente del que, por suerte, salió ileso.

Federico La Longa Mancini.
Federico La Longa Mancini. (@f.lalongamancini)

Ahora, juega todas las semanas en Malagueño, lugar al que considera una especie de Jurassic Park. “Una vez me crucé un lagarto gigante, un lagarto… ¿overo? Y otra vez, en medio de la cancha de polo, que tiene como seis hectáreas, vi un animal marrón que caminaba lentamente. Me acerqué con el caballo... y era una araña, como la reina del bosque. Dije: la mato, pero… ¿y si salta? Morimos yo y la yegua”. Se ríe.

Cuando grafica el tamaño asombroso de aquella araña, hace con las manos un diámetro de unos 40, 50 centímetros. No lo puede creer.

Un poco de polo, un poco de golf, salir a correr todos los días. El ejercicio es clave en la vida del conde La Longa Mancini.

Política e inflación

–¿Te interesa la política? ¿La argentina, la italiana?

–Poco. Conozco la situación en Italia, no me gusta mucho. Y en Argentina... hay inflación. Lo vi con el osteópata: en octubre, $ 38 mil; ahora, $ 55 mil. En Italia eso no existe, el precio es uno. En Europa no existe. En el supermercado me pasa lo mismo.

Federico dice supermercado, aunque reconoce que va poco. De todos modos, sí sale bastante. Se ríe cuando cuenta lo que provoca con su auto deportivo que no pasa inadvertido.

Federico La Longa Mancini.
Federico La Longa Mancini. (@f.lalongamancini)

“Tengo un Spider. Un BMW Z4. El argentino mucho no lo conoce, y cuando salgo, todos piden sacar una foto, grabar un video. Creo que piensan que soy un futbolista, no sé. Seguro de Talleres”, dice. “En Italia no pasa, es normal. Me hace reír”.