Una familia de vecinos
Ya es de noche sobre la calle Chiclana. Hay una mesa y una pequeña multitud en la que las mujeres son mayoría.
Ya es de noche sobre la calle Chiclana. Hay una mesa y una pequeña multitud en la que las mujeres son mayoría. Los dirigentes de Los Zorzales de Maldonado y la comisión de madres se han reunido para trazar los planes del fin de semana de corsos. Las madres están a cargo de la batucada de la que participan unas 80 niñas y adolescentes que se suman a los muchachos disfrazados de indios para completar la comparsa. "Es una emoción la que nos agarra a todos a partir de enero, cuando empiezan los ensayos", dice Silvia Martínez, quien durante 17 integró la comparsa, aunque no bailaba a la manera brasileña. "Desde mediados de los años '90 empezó la batucada. Antes, bailábamos zambas, chacareras, gatos", agrega. Silvia es una de las madres de la comisión y cuenta que la responsabilidad mayor es cuidar a las chicas. "Cuando se van a corsos en otros lugares, los esperamos en la puerta del cementerio hasta la hora que sea, a veces ya de día, y hasta que no entreguemos la última chica en su casa, no nos vamos a dormir"Entre las madres y los padres reunidos hay varios integrantes de la familia Córdoba, descendientes de los fundadores de Los laureles de San Vicente, señalada como la primera comparsa que apareció en Córdoba. Es decir, Los laureles... se alimenta de sangre pionera. En el barrio, aunque no ya de modo tan intenso como cuando las calles eran de tierra, aún se sigue jugando al Carnaval con agua, respetando los códigos de siempre. "Es como que vuelve el Carnaval y los vecinos volvemos a ser una familia. Amamos el Carnaval...", dice Gloria Castellano, conmovida por la intensidad de su propio sentimiento.

