El éxito de los otros
Los modelos de escuelas y de alumnos exitosos de otras partes del mundo, a menudo nos provocan envidia. Mariana Otero.
Los modelos de escuelas y de alumnos exitosos de otras partes del mundo, a menudo nos provocan envidia. Y si bien la escuela como institución –y la secundaria, en particular– está en crisis en muchos países, nuestra debacle, la cercana, suele tener un condimento amargo. Las pruebas están a la vista: las mediciones internacionales de evaluación nos dejan en ridículo (en relación con lo que fue nuestra escuela a mediados del siglo pasado) y, en general, los chicos no comprenden lo que leen, no resuelven problemas matemáticos con eficiencia, los maestros se ausentan demasiado y recién ahora se están formando con mejores planes de estudio. Los recursos tecnológicos no se aprovechan, nuestros niños son unos de los que menos horas de clases anuales tienen en Latinoamérica y durante años no planificamos para saber adónde pretendemos llegar.Si bien no todas las comparaciones suelen ser acertadas, la ciudad china de Shangai logró en poco tiempo la admiración internacional al encabezar las últimas pruebas de evaluación Pisa. ¿Qué hizo? Entre otras cosas, dictar ocho horas de clase al día.Más cerca, y por la jornada extendida, los niños chilenos tienen en promedio un año de escolaridad más que los argentinos. El diagnóstico de lo que nos pasa en Córdoba lo conocemos desde hace tiempo. También sabemos que el cumplimiento de metas educativas no garantiza calidad por sí mismo ni asegura éxito. Sin embargo, es un gran paso plantear factibilidades y desafíos posibles. Y, aunque en educación los aciertos y los errores tardan en verse, el ex rector de la UNC Hugo Juri está convencido de que, si las cosas se hacen bien, no hace falta esperar generaciones para ver resultados.

