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Esos raros casamientos nuevos

El casamiento en sí mismo es un paso importante en la vida de las personas. Sea tanto en el Registro Civil como en una parroquia.

16 de diciembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Esos raros casamientos nuevos
Ilustración Gustavo Dagnino.

El casamiento en sí mismo es un paso importante en la vida de las personas. Sea tanto en el Registro Civil como en una parroquia. Pero hay quienes buscan agregarle un innecesario tinte original, casándose ya sea en el fondo del mar, en el entretiempo de un partido de básquetbol o en la cima del cerro Uritorco."Hay una preocupante tendencia a ser originales con las bodas. ¿Para qué? Si después los cónyuges se entregan a una vida aburrida y llena de lugares comunes", reflexiona nuestro consultor Cacho Yerom sin mucha autoridad moral, porque sus círculos íntimos dejaron trascender que cuando se casó hizo las tarjetas de invitación emulando la tapa del diario La Voz del Interior .En la misma línea de "originalidad", lo que abundan son los pedidos de matrimonio fuera de lo común. Se podría decir que tanta pretensión de romanticismo ya resulta un poco empalagosa.Ni qué decir de los inconvenientes de algunas propuestas, como la novia que se tragó el anillo de bodas que venía camuflado en un martini.También están las propuestas matrimoniales en escenarios no convencionales, como una cancha de fútbol, frente a un volcán a punto de hacer erupción o en la Torre Eiffel. "Una, dos, tres veces está bien... después todo pierde interés. Si se casan en el Uritorco, ¿cómo hacen para subir a la abuela? ¿Y si abducen al cura?", dice fastidiado Yerom. Y repite la cita de un escritor francés, Alain Alain Chauvilliers: "Ser original es un mérito; quererlo ser, un defecto"."Otra de las 'originalidades' que encontramos en el rubro bodas es el uso de papel reciclado para hacer las tarjetas de invitación, en un intento de dar un mensaje ecológico. Aunque después se usen toneladas de leña para asar una vaquillona", cuestiona Yerom, sin mucho tino. Bodas póstumas Pero si hay un lugar donde las bodas son originales, ese es Francia. Tan originales que hasta resultan bizarras. Hay una ley en Francia que permite el matrimonio entre una persona viva y otra muerta, siempre que se cumplan los pasos que estipula la norma.La ley fue promulgada en 1959 durante la presidencia de Charles De Gaulle. El origen de esta norma se produjo ese mismo año cuando, tras reventar la presa de Malpasset, en el sur de Francia, se inundó la localidad de Fréjus y produjo cientos de muertos.En la ciudad siniestrada vivía una joven, Irène Jodard, quien le suplicó a De Gaulle poder continuar con sus planes de matrimonio pese a que su novio, André Capra, había muerto en la inundación. Entonces, la Asamblea francesa aprobó una ley que permite contraer matrimonio con un fallecido para que los vivos puedan ser declarados viudos oficiales.Así quedó redactado el artículo 171 del Código Civil francés: "El presidente de la República puede, por motivos graves, autorizar la celebración de la boda si uno de los futuros esposos ha fallecido, después del cumplimiento de formalidades oficiales que marcan sin equívoco su consentimiento".Legalmente, la novia no adquiere el estado civil de casada, sino el de viuda.Según la norma francesa, se trata de un matrimonio "a título póstumo", que no confiere ningún derecho en materia sucesoria y tiene poco o ningún impacto en cuestiones patrimoniales.Por otra parte, desde el instante mismo que sigue a la celebración del matrimonio, este se considera disuelto por fallecimiento. En Francia se celebran una docena de "bodas póstumas" cada año.Pero Yerom, nuestro inefable consultor, no quiere terminar sin antes citar un párrafo del verdadero tratado de declaración del amor libre de Dalmiro Sáenz en Carta Abierta a mi futura exmujer : "(...) Algún día tal vez vos y yo seremos así y no nos miraremos las miradas y yo no pensaré que vos podés ser mi futura exmujer, porque las características de esas parejas muertas en vida es negar la vida que te da la muerte. Ese día ni siquiera nos odiaremos, porque si lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia, nosotros seremos indiferentes a nuestra indiferencia".