Eso no va a pasar
“Eso no va a pasar” es una respuesta evasiva para no admitir una dramática verdad.
“Eso no va a pasar”, suele ser una respuesta evasiva para no admitir una dramática verdad.
Un marido afligido por la patológica devoción de su mujer por Tom Cruise se atreve a preguntarle: “¿Si se diera la ocasión, te acostarías con él?”. “Pero eso no va a pasar”, responde ella, dejando hundido aún más a su esposo.
La ambigüedad de la respuesta es lo que perturba. Es una verdadera lotería que ella se encuentre con el protagonista de Misión imposible , pero si ocurre y se dan las condiciones, quién sabe si la mujer podría resistirse a los encantos del actor de 1,70 metro de estatura.
Lo mismo sucede con aquellos que juran fidelidad eterna a sus mujeres y en un instante deben revisar su promesa cuando la que toca a la puerta es Scarlett Johansson.
“Eso no me va a pasar a mí”, es también una forma ambigua de contestar a la pregunta sobre si aceptaríamos un soborno o seríamos parte de un negocio fraudulento.
“Soy una persona honesta a falta de propuestas inapropiadas”, ironiza Cacho Yerom, el asesor permanente de esta columna, quien tiene fundados miedos de ser víctima de alguna tentación relacionada con el sexo femenino.
Yerom apela al dicho popular “la ocasión hace al ladrón”, que pone en duda la honestidad de las personas no habituadas a delinquir pero que pueden sucumbir a la tentación si se lo ponen muy fácil.
Por suerte, lo que trasciende públicamente son los casos de personas comunes que devuelven objetos perdidos o sobres con grandes sumas de dinero. Es un ejemplo a seguir por aquellos a los que circunstancialmente les toca administrar fondos públicos.
Lotería. Después de que River Plate se fue al descenso, los hinchas de Independiente de inmediato dijeron: "A nosotros esto no nos va a pasar".
Dos años después, el Rojo de Avellaneda parece no haber aprendido de los errores ajenos.
“Esto no me va a pasar a mí”, también suele ser una expresión de quienes a los 30 años se sienten eternos y creen que tienen tiempo suficiente para cometer excesos antes de que lleguen los achaques de los 40. Y en realidad luego se dan cuenta de que tuvieron una “década perdida”.
Cacho Yerom, nuestro intrépido consultor, es uno de los que pensaba que iba a llegar a los 40 en buen estado de salud. Sin embargo, a juzgar por su abdomen, cada vez más alejado de su cinturón, y su nula vocación por los ejercicios físicos, su imagen da a pensar si realmente podrá sobrevivir en los próximos seis meses.
“Una situación equivalente se produce cuando jugamos a la lotería, al Loto o el Quini 6. Las cosas que imaginamos comprar, a quiénes vamos a ayudar, las revanchas que nos vamos a tomar (sobre todo de aquellos que no nos quisieron prestar dinero) y los lujos que llegaremos a tomar”, apunta un Yerom desarmado.
Y lo más probable es que eso no le vaya a pasar.

