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Una esencial cuestión humanitaria

La esperanza está puesta en que los niños de hoy sean mejores ciudadanos que nosotros. Y así reviertan las estadísticas de siniestros viales que matan más adolescentes que el sida o el cáncer. Mariana Otero.

18 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Una esencial cuestión humanitaria

Una niña de 5 años puede tener mayor conciencia vial que su propio padre, de 41. En cada esquina le recuerda que tiene que dejar paso al peatón, respetar el semáforo y estacionar en un lugar permitido. Lo aprendió en la escuela y, casi con seguridad, no lo olvidará nunca. Hace años que la educación vial ingresó a las escuelas, como una manera de prevenir los accidentes de tránsito, la principal causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 19 años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que los siniestros viales matan más adolescentes que el sida, el cáncer u otra enfermedad. En la mayoría de los casos, estas fatalidades son producto del accionar humano. Con lo cual no hay más opción que intentar evitarlos. Con información, prevención y conciencia social. El rol del Estado. El Estado tiene gran parte de la responsabilidad: debe proveer caminos seguros, señalización y sanciones para los infractores. Pero también tiene que brindar educación sistemática, una acción pública fundamental para garantizar la seguridad de los peatones, pasajeros y conductores. Y si bien las familias deben ser las primeras en formar ciudadanos responsables, la escuela tiene la obligación de trabajar desde los valores, las actitudes y la cultura, para que el comportamiento en la vía pública sea un ejercicio cívico consciente. La educación vial trasciende la información, el adiestramiento y el entrenamiento. Educarse, en este sentido, es casi una cuestión humanitaria, porque implica el cuidado y la preservación de la vida propia y ajena. Modificar creencias. En este punto, la escuela es un buen lugar para modificar creencias y prácticas sociales de indiferencia –y a veces, de desprecio–, por el otro. Y para forjar una cultura de convivencia responsable y respetuosa, en la cual quede en claro que las acciones de uno siempre tienen algún impacto y que no da igual conducirse con prudencia o sin ella. La esperanza está puesta en que los niños de hoy sean mejores ciudadanos que nosotros.