Temas del día:

Ese que anda regalando sus poemas

Raúl Simonetto vive en Río Segundo, tiene 72 años y, desde hace 15, les escribe a su ciudad y a su gente. Hace copias que va obsequiando por calles, comercios e instituciones.

29 de julio de 2017 a las 12:01 a. m.
Augusto Laros
Ese que anda regalando sus poemas

Raúl Simonetto entra de sobretodo a un gimnasio de Río Segundo y el dueño del lugar, que lo conoce, disminuye el volumen de la música. Los deportistas hacen una pausa en sus rutinas de entrenamiento; y el hombre, con voz potente, mueve sus manos como aleteando y recita un poema propio. Antes de irse, reparte el poema que acaba de interpretar. A cambio no pide nada.

Simonetto, de 72 años, sale a la calle varias veces al mes a regalar su poesía. Camina sin rumbo fijo, sin pensar en el tiempo, entregando sus poemas a quienes se cruzan. Mientras reparte, va cantando o le grita algún chiste a alguien que pasa. Todos sonríen. Raúl es de esos personajes que les dan color a las ciudades que habitan.

El último 20 de julio, inspirado por el Día del Amigo, escribió un texto alusivo que luego repartió en diferentes sitios.

“En la calle me alientan a que siga escribiendo. Algunas personas me dan una colaboración, que yo nunca les pido”, asegura el poeta de a pie, que habla casi con la inocencia de un niño.

Dice que si junta algún dinero lo destina a hacer más copias de sus poemas, para llegar a más personas.

Raúl se hizo conocido por este rol en casi todo Río Segundo, ciudad situada a 37 kilómetros de la capital cordobesa.

En varios comercios céntricos, pueden verse algunos de sus escritos y un músico local le dedicó una canción.

Para él, cualquier comercio, oficina pública o institución es un buen lugar para regalar lo que escribe. Un empleado de Tribunales cuenta que con regularidad reparte sus poemas allí: “Siempre se los da primero a una mujer en particular”, confiesa.

“Raúl anda como volado. Está en su mundo”, aporta una joven, que vive cerca de la casa del hombre de sobretodo. “Es nuestro personaje. Un hombre sano”, agrega otro vecino.

Pluma sencilla

Vive solo. La muerte de sus padres, hace más de 20 años, y luego la de su única hermana convirtieron a Simonetto en un hombre solitario. Desde entonces no para de escribir, según él mismo cuenta. "Lo hago para desahogarme, para no caer en el vacío de la soledad", describe.

Fue en 2001 cuando decidió salir a la calle a distribuir lo que escribía. Y ya no paró desde entonces.

En su casa, que comparte con dos perros, señala un montón de hojas A4 con su letra. Asegura que lleva escritos más de 500 poemas.

De caligrafía defectuosa, Simonetto sólo terminó primer grado. Después –cuenta– tuvo que salir a trabajar al campo, donde ordeñaba vacas y cuidaba animales.

Sus textos son llanos, simples. Les escribe a sus padres, a sus amigos, a su ciudad, a su gente, a su río y a su paisaje. Alterna la escritura con la pesca: todas las semanas va al río Xanaes en busca de mojarras.

Este domingo 30 dará un paso más: casi a modo de reconocimiento, estará leyendo sus poemas en un café literario que se organiza todos los meses en un bar de la ciudad. Allí compartirá escenario con otros escritores locales. “Si me animo, hasta canto”, dice entusiasmado, sencillo y feliz.

* Especial