La escuela, una maqueta de la vida
Vivimos en una suerte de despotismo invertido, por el cual los mayores nos sometemos a los deseos de los menores. Es una época signada por los tan mentados “pequeños tiranos”. Rosa Bertino.
El año comienza cuando empiezan las clases. Hasta entonces vivimos en una suerte de burbuja, que se pincha el día que hay que salir a comprar los útiles y encontrar que valen el doble. En realidad, los que cuestan una exorbitancia (significa que el precio te hizo saltar los ojos de las órbitas) son los productos de marca. Es decir, el surtido de cartucheras, mochilas, tuppers , cuadernos y carpetas con el logo, la textura y los colores del superhéroe o la princesita de la tele. Para eso no hay plata que alcance. No en vano hemos visto afiches anunciando líneas de crédito para "Volver a la Escuela". Tiranuelos. Pasa que el niño actual está convenientemente adiestrado por los "dibujitos", cuyos cortes comerciales son más largos que los de la entrega del Oscar. Desde la más tierna infancia los hacen víctimas de las "marcas". A este paso, no sería de extrañar que al año y medio ya escojan su pañal preferido en el supermercado. Desde chicos nos manejan con el dedo y el berrinche. A algunos les dura hasta bien pasados los 40. Como bien señalan los especialistas, es difícil saber si los chicos están más avivados, o los adultos más tontos. La cuestión es que vivimos en una suerte de despotismo invertido, por el cual los mayores nos sometemos a los deseos de los menores. Es una época signada por los tan mentados "pequeños tiranos". Guardapolvos y uniformes. Un inicio de clases hoy equivale a un sueldo completo; tal el nivel de gastos que implica la escolaridad. Con toda razón, en las escuelas públicas se enfurecen con los padres que dicen no poder solventar la cooperadora, pero sus hijos asisten con zapatillas de 400 pesos. Lo económico es importante, pero más lo es un efecto indeseado del consumismo: la (auto) discriminación.Al inicio del ciclo lectivo, en varios colegios suburbanos las maestras se toparon con niños de los últimos grados que no quieren ir con guardapolvos. "Estamos pensando en dejarlos venir con el equipo de gimnasia y que la remera tenga el escudito del colegio, así se parece más a un uniforme …", reconoció una maestra de Bella Vista. Seguiremos gastando. La confesión de la esforzada docente nos dolió en el alma. Generaciones enteras hemos ido a la escuela con el guardapolvo blanco, y sólo protestábamos cuando a mamá se le había ido la mano con el almidón. Al momento de sentarnos o izar la bandera, crujíamos más que La Momia. Pobre vieja, lo almidonaba para que durara más tiempo planchado… Incluso nos sonreíamos al ver pasar chicas de los colegios de monjas, enfundadas en monótonos uniformes grises o marrones. Pues ahora es exactamente al revés. Lo "privado" es bueno y lo "público" regular, por razones que no vamos a entrar a analizar. Algunas son muy comprensibles. Lo que no se entiende es que tener un hijo y tenerlo bien, como es la legítima aspiración de todo progenitor, signifiquen una chorrada de dinero. Porque empiezan exigiendo tal cartuchera y culminan con tal fiesta de 15.Antes se celebraba en el patio de la casa. Pues, aunque parezca mentira, en febrero ya casi no quedaban locales para alquilar. Está bien, lo admito: yo también estuve averiguando…

