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Escenas de la nueva vida conyugal

A los varones, las madres los malcrían, las esposas los enderezan… y la segunda esposa los aprovecha. Y no sólo que también vienen con papeles, sino que han pasado a ser “las suertudas”.

26 de octubre de 2013 a las 12:02 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Escenas de la nueva vida conyugal

La escena transcurre al mediodía, en un restó del Cerro. En una mesa hay varias señoras de mediana edad, que conversan sin perder de vista lo que pasa a su alrededor. No es cuestión de desaprovechar una cualidad que la naturaleza nos ha dado en su infinita sabiduría.

Muy cerca, un señor entrado en carnes, años y calvicie almuerza con mujer de frondosa cabellera, 20 años menor. Comen sin dejar de hablar, sonreírse y beber champán. Al promediar la segunda botella, la bella dama le dice: "Yo te quiero así como sos …". Él la contempla extasiado, y llama al mozo para pagar. Las comensales de la primera mesa reaccionan con muda indignación. "Tenés que ser la segunda (esposa) para pasarla así de bien…", murmura una de ellas. "Con un champán de esa marca, yo le digo 'te quiero' a Ratzinger", se resiente la de al lado. Parece que lo conocían al señor.

Culpables

De más está decir que las indignadas revisten en la categoría primera esposa. Esas que antes por lo menos eran “la legítima”. Hoy las otras también vienen con papeles. No suficiente con eso, han pasado a ser “las vivas”, “las suertudas”, etcétera. “La culpa es nuestra, siempre”, bufó una veterana docente, refiriéndose a la relación entre los sexos. “A los varones, las madres los malcrían, las esposas los enderezan… y la segunda, los aprovecha”.

La antropóloga del grupo intentó un aporte: “Lo que te cambia es la experiencia, no la circunstancia”. Quizá quiso decir que, después de haberse traspasado los 50 años, cualquiera se ablanda.

Reincidentes

Este tema es frecuentado por las mujeres, porque de algo hay que hablar. Aunque no disponemos de estadísticas, la observación permite deducir que los señores se vuelven a aparear con más facilidad que las señoras. Esto permite el ingreso de una segunda o tercera generación de mujeres al universo conyugal, lo cual equipara los tantos.

Aun así, los matrimonios siguen bajando. La Municipalidad formalizó 2.310 en 2011; 2.059 en 2012 y 1.911 en lo que va del 2013, contra 1.273, 1.256 y 1.079 separaciones legales, respectivamente. Son datos del Registro Civil.

Lo sugestivo es que, en la mitad de las uniones, por lo menos uno de los cónyuges es reincidente. Como dijo un chileno, “tuvo que venir el divorcio, para que el matrimonio no se fuera al diablo”.

En 2006, cuando salió la ley, tuvieron un récord de bodas. Después entraron en una meseta y de ahí en una pendiente. Hoy es común encargar tortas de divorcio. Todo lo que hacemos para no sentirnos infelices, o que no se note.