Escenas de un cuarto oscuro
El 78 por ciento del electorado participó de una elección que muchos creyeron no obligatoria. Incluso se revirtió la tendencia que nos alejaba del 86 por ciento que votó en 1983. Rosa Bertino.
"¡ A y, agosto, que es largo y angosto!", repite Doña Jovita. El que sobrevive a vientos, heladas… y resultados eleccionarios, tira un año más. A varios nos tocó votar en una "escuela palacio" de principios del siglo 20, que hoy a duras penas es lo primero. El frío y el olor emanaban del baño, calando huesos y pituitarias. La cola esperaba para entrar en el "cuarto oscuro", denominación rioplatense de la habitación donde se sufraga. En alguna época, oscurecían las ventanas, por si alguien espiaba. Tan secreto era el acto. Hoy, parece que vamos a corroborar o desmentir lo que vociferaron las encuestas. Una mujercita enjuta y desdentada opinó: "Yo trabajo y mis hijos también, no como esos atorrantes que se hacen dar planes… Cómo han cambiado las cosas, doña. Yo siempre viví en Güemes. Antes había códigos. Los ladrones robaban a los ricos; ahora mandan a los chicos a 'ratearle' a los vecinos. Antes, los pobres tenían su laburo; hoy viven del gobierno". Leyenda urbana. La mujercita sonó digna y orgullosa. En cambio, el muchacho de una estación de servicio destilaba amargura: "Sábados y domingos no se encuentra un limpiavidrios… Les sobra con los planes y la 'guita' que sacan en dos o tres días. Yo trabajo hasta domingo por medio... y apenas si me alcanza". Obviamente, ambos votaron perdedor. Pero votaron. Ambos confirmaron la leyenda según la cual "este" gobierno reparte dádivas para asegurarse la continuidad de la pobreza, la ignorancia y el poder. Sus dichos parecían salidos del sketch Thelma y Nancy, de Más vale tarde, con la diferencia de que las peores críticas al asistencialismo suelen provenir de los mismos pobres y no de señoras gordas con ruleros. Haciendo números. Aun dando por cierto el tema subsidios, los números no cierran. Y las conductas, menos. El 78 por ciento del electorado participó de una elección que muchos creyeron no obligatoria. Incluso se revirtió la tendencia que nos alejaba del 86 por ciento que votó en 1983, al retornar la democracia. El sistema tiene un defectito: permite que ganen los otros. Pero no es razón para ponerse chivo, a lo Fito Páez. Si 10 millones de personas votaron por Cristina Fernández, parafraseando a Elvis Presley, "un millón de fans no pueden estar equivocados". ¿Diez millones viven de planes en este país? Además, entre los derrotados, hay uno con verdadero futuro. Pero basta de cháchara. Gane quien gane, no nos queda otra que seguir laburando. ¿O quién mantiene a los de abajo? ¿Y a los de arriba?

