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Errores domésticos

Las industrias, en general, tienen sistemas de producción en los que el error, tanto instrumental como humano, está considerado un elemento más dentro de sus parámetros. Juan Carlos Carranza.

12 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Errores domésticos

Las industrias, en general, tienen sistemas de producción en los que el error, tanto instrumental como humano, está considerado un elemento más dentro de sus parámetros. Es decir, las fallas durante los procesos industriales están contemplados, obvio que se las trata de minimizar o impedir, pero nadie se rasga las vestiduras si ocurren.

Yendo hacia un plano más doméstico, sobre todo en estos tiempos que corren, en los que hombre y mujer por igual se reparten entre el trabajo, la crianza de los niños y las tareas del hogar, la percepción de los “errores” no tiene la misma consideración que en una industria.

Por alguna razón, es muy difícil para el hombre igualar la eficiencia de la mujer en relación al “gerenciamiento” de la casa. El sentido común de las mujeres y su capacidad organizacional supera con creces a la del hombre.

Es un hecho: la mayoría de los hombres no nos fijamos en los detalles, ni siquiera sabemos de qué se trata. Por ese lado vienen los reproches. “¡No gastés tanto detergente para lavar los platos!”; “¡Se lavan primero los vasos, porque sino se llenan de grasa, ¿cuántas veces tengo que decirte?!”; “¡No cuelgues las remeras mojadas de los hombros!”; “¡Hay que sacudir las sábanas antes de tender la cama!”; entre otros retos por el estilo.

Dificultades. Hay hombres muy aplicados en el hogar, pero en general la mayoría tenemos dificultades para encontrarle la vuelta a las cuestiones domésticas. Cuando preparamos la comida, por caso, es común que despleguemos gran cantidad de utensilios y dejemos la cocina hecha un caos.

Tampoco somos grandes “encontradores” de cosas. Y ese suele ser otro motivo de reproche femenino.

Cacho Yerom, el principal consultor de esta columna, que desde hace poco convive con una novia muy estructurada, cuenta sus desventuras a causa de su desafortunada predisposición para los trabajos domésticos: “Nunca antes había limpiado el piso de una casa. ¡¿Cómo iba a saber que antes de pasar el trapo de piso, hay que barrer?!”.

Algo tan elemental como eso, para evitar que nuestros pisos se conviertan en pantanos, son destrezas que los hombres hemos ido adquiriendo a la par de las conquistas logradas por las mujeres en este campo.

Igual, el lavarropas siempre será una incomprensible máquina infernal para los hombres. ¡¿Dónde iba el jabón y dónde el acondicionador?!; ¡¿Cómo?! ¿No se pueden mezclar ropas de distintos colores?; ¡Uy! No sabía que con agua caliente se te iba achicar ese saquito tejido.

Paciencia, mujeres.