Era el mejor momento para tender caños
En la década, son más los cordobeses que lograron acceder al agua potable, al gas y al servicio de cloacas. Laura González.
La foto está mucho mejor. En la década, son más los cordobeses que lograron acceder al agua potable, al gas y al servicio de cloacas. El servicio de agua potable se amplió 4,6 por ciento; 22 por ciento para el gas y 32 por ciento para cloacas. Al problema lo siguen sufriendo quienes no entraron en la estadística: hoy, casi 13 por ciento de los hogares no tiene agua potable, 41 por ciento cocina con garrafa de gas o similares y nueve por ciento con leña o carbón. Hoy, 497.767 hogares de la provincia (de un total de 1,03 millón) descargan el inodoro a cámara séptica y pozo ciego, 111.326 directamente al pozo ciego, 9.500 a un hueco en la tierra y 17.817 no tienen baño. Esos hogares gastan mucho más dinero, tiempo y esfuerzo que sus pares que cuentan con esa infraestructura elemental en sus hogares. Un hogar típico (con cocina, dos calefactores y calefón) abona menos de 100 pesos al mes. Una familia, por lo general de ingresos menores, gasta 200 pesos promedio en garrafas para cocinar y bañarse. La calefacción va aparte. Las cloacas son una inversión demasiado cara para tapar con tierra, al punto que la mayoría de los municipios ha preferido poner la plata en otra cosa: apenas 38 por ciento de los hogares de la provincia tiene este servicio. No puede soslayarse que el 50 por ciento de los hogares que tiene gas natural reciben un subsidio los cuatro meses más fríos del año, esfuerzo que al Estado le significará, en 2011, alrededor de 11 mil millones de pesos. Los clientes de Aysa, la empresa de agua estatizada en Buenos Aires, tienen congelada la tarifa. En 2011, la Nación le transferirá 3.000 millones de pesos. La foto es buena, pero al lado de la película, aparece con sabor a poco. La economía creció en la década 75 por ciento. Se recuperó el empleo, el país cosecha el doble y lo que exporta vale el triple; creció el salario real, el consumo y todos los estados tienen más plata, con una presión impositiva récord del 30 por ciento. Era el mejor momento para tender caños, con tarifas más razonables. Sin embargo, el problema está: los caños siguen faltando y los subsidios en algún momento le serán demasiado pesados al Estado.

