Entre el Papa y nuestra farándula
Saben que es el único que visita constantemente Lampedusa, la isla cuya plataforma submarina es un cementerio de ilegales.
Aunque uno carga sus años, no deja de asombrarse por la resistencia al cambio que se percibe en las capas más visibles de la sociedad. Una tendencia acaso mundial, que aqueja en particular a los estratos medios y dirigentes. Acá tiene un sesgo netamente argentino, casi discepoliano. Somos especialistas en ver el lado malo y en decir "total… no va a pasar nada". Ahora bien, inmersos como estamos en la sociedad del espectáculo y la desinformación, no es fácil saber si la gente ve lo que quiere, o lo que le muestran. Muchas cosas pasan inadvertidas. Podríamos descubrirlas por nuestra cuenta, pero eso implica esfuerzo y/o romper esquemas. "Quemarse" con Wanda Esto viene a cuento del revuelo que armó la fotografía del papa Francisco con Mauro Icardi y Wanda Nara. Si bien hubo otras fotos y otras "botineras", esa causó bastante escozor. Secciones de los diarios, a las que cuesta un triunfo acceder por falta de espacio, de inmediato hicieron uno para plasmar las quejas por la actitud papal. Alguien habló incluso de "frivolidad". Primera conclusión: Wanda Nara es un "quemo". Pues vaya con la novedad… Ahora bien, ¿quién construye personajes y perfiles de ese calibre? Peor aún, ¿quién los consume y avala? No el Papa, precisamente, que apenas ve televisión y no tenía idea de quién era "esa chica". La era de la imagen Aunque el "mediatismo" es un fenómeno indiscutible, tampoco hace falta refrendarlo oficialmente. La Legislatura porteña sólo vela famosos, y en este país sólo las "estrellas" son famosas. Viendo el apoteósico adiós al músico Gustavo Cerati (que ya llevaba cuatro años prácticamente muerto), uno se pregunta cuándo despediremos así a un médico, docente o artesano. Es muy difícil que consigan trascender. Para qué negarlo: Francisco es popular porque se saca fotos con todo el mundo. En Italia se escuchan decenas de alborozados comentarios al respecto. Sin embargo, y volviendo al planteo inicial, cabría decir que "la masa" no se deja engañar fácilmente. Por vías alternativas, o por el boca a boca, saben cuánto lloró al enterarse de que el predio que lleva su nombre en Lugano (Capital Federal) fue brutalmente desalojado. Los europeos saben que es el único estadista que visita constantemente Lampedusa, la isla al sur de Sicilia cuya plataforma submarina es un cementerio de ilegales. Miles de desgraciados logran llegar al norte de África, y de ahí intentan saltar a Europa. Una cruel realidad, que sigue siendo soslayada por políticos y medios masivos. Indicios de cambio Hasta en Córdoba saben que el Papa siempre está disponible. Gracias a un cúmulo de voluntades, Hilda Nicola, octogenaria catequista de Etruria, pudo viajar con su nieto, sobreviviente de un incendio. Se instalaron en Santa Marta, la residencia papal. Las fotos y las lágrimas figuran en Facebook, una vía de comunicación que a veces contradice nuestros prejuicios. Más sugestivos son los indicios que los feligreses comunican azorados. Algunas misas concluyen con referencias puntuales a la recuperación de hospitales o puestos de trabajo, o a la juventud en problemas. Los resistentes al cambio seguirán escudándose en el escepticismo. Pero el resto va asumiendo que llegó el momento de atender sólo lo que hace falta.

