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Entre El Cairo y Managua

Anteayer, hubo otro paro de transporte por 24 horas en la ciudad de Córdoba. Rosa Bertino.

08 de junio de 2013 a las 12:02 a. m.
Entre El Cairo y Managua

Anteayer, hubo otro paro de transporte por 24 horas en la ciudad de Córdoba. A las 9 de la mañana, la Plaza España era el fiel reflejo de una sociedad en la cual 1,7 de cada dos se cree con derecho a pasar primero. Además, manejan a los bocinazos, como en El Cairo. Cuarenta minutos después, reinaba cierta tranquilidad. Había pasado la hora "pico" y dos robustos inspectores dirigían el tránsito. Conclusión: nos falta mucho para manejarnos solos. Hasta entonces, necesitaremos de semáforos, lomadas, silbatos y sanciones, y que alguien ejerza la autoridad. Admitamos que algunas circunstancias contribuyen al caos. En Egipto, Marruecos o Nicaragua, el transporte podrá ser malo, pero por lo menos no hacen huelga. Acá, encima se mandan una tras otra. Razón por la cual algo así como tres cuartas partes de los cordobeses se motoriza de alguna forma. Era eso o la reclusión domiciliaria. El lado bueno es que muchos barrios hacen vida propia, como pequeñas ciudadelas. Pero no fue por gusto, sino porque nunca más pudieron cruzar las vías o la Cárcano.Sin falsas esperanzas, creemos que hay señales de un punto de inflexión. La situación económica golpea a los sectores más bajos (a los otros también, pero tienen más resto), y el horno no está para bollos. Cuando paran los colectivos, las empleadas domésticas que trabajan por horas y los hombres que hacen changas pierden el día. Pocos empleadores están dispuestos a pagar 80 pesos de remise. Muchas escuelas "adhieren" de inmediato, aduciendo que los alumnos y las maestras no tienen cómo llegar. Cuando el chico se atrasa, hay que reforzar la maestra particular. "Los únicos privilegiados son los estatales", ironizó un quiosquero. "Acá, todo el mundo hace lo que quiere", terció una peruana. Aunque hace tiempo que reside en Córdoba, le sigue impresionando la facilidad con que "los argentinos" proceden a su antojo. Sin embargo, ella misma vive en terrenos ocupados, a los que la Municipalidad o la Provincia luego proveyeron de calles, agua y luz. Parejitos. Somos bastante parejitos para la avivada. Hay mucha gente que no: es la que soporta a todo el resto. Pero esa es una vieja historia. Lo francamente sintomático es que los adolescentes hablan mucho de libertad. La ponen como su máxima aspiración, aun por encima del amor. Cuando uno pregunta para qué quieren ser libres, se quedan callados o chapurran alguna reflexión. Es curioso, tratándose de una generación que goza de una amplitud de horarios y costumbres sin precedentes. Por lo visto, tener permiso para todo no equivale a ser libre. Como dijo el filósofo, la verdadera libertad pasa por entender que "los otros existen exactamente como yo". Pero no vamos a ir con esta pancarta a la sede de UTA, rogando que el gremio entre en razones. Vamos a ir hasta el Concejo Deliberante, para que expliquen por qué nadie puede solucionar el problema del transporte en Córdoba.