"Enseño música sin esperar nada a cambio"
Diego Villalba enseña guitarra, bajo y piano a niños y jóvenes vulnerables. Su historia personal lo movilizó a dedicar su tiempo con clases gratuitas.
Diego Villalba (20) es voluntario de la Fundación Vientos de Cambio, una organización sin fines de lucro que trabaja promoviendo los derechos de los niños que viven en zonas vulnerables. El joven enseña en forma gratuita guitarra, bajo y piano a niños y adolescentes de 9 a 17 años que viven en los barrios Hortensia, Yofre Norte, Sur, Patricios, Nuestro Hogar II, Arenales, Santa Clara de Asís y San Jorge. Todos los jueves de 19 a 21, Adela Cabral –presidenta de la Fundación– abre las puertas de su casa y en su living, Diego y los chicos se encuentran para zapear melodías de distintos géneros musicales.
Diego es un apasionado por la música. Cuando tenía 15 años y con varios integrantes de su grupo de scoutismo armó una banda de rock, folclore y tango que se llama “Madriguera”.
Entre sus integrantes está su entrañable amigo, Fernando Smeriglio, hijo de Adela Cabral. “Todo empezó porque una vez su mamá me propuso participar con una pintura en una exposición que se realizó en La Perla. Pinté a mi tía desaparecida, Alicia Villalba y fue muy fuerte para mí porque me conectó con mi historia personal”, relata emocionado.
Después de ese hecho, Diego comenzó a participar en las actividades de la Fundación. Hizo de fletero trasladando caballetes y equipos de sonido y también participó en el programa de radio “Vientos de Cambio” que Adela condujo durante cuatro años.
“Por ahí me produce angustia cuando vienen los chicos y tienen que esperar para tocar el instrumento, porque tenemos muy pocos y les falta más tiempo de práctica tanto en el taller como en sus casas”, reconoce, algo preocupado.
Música, un puente. Actualmente tienen dos guitarras, un bajo y un teclado. En este trabajo de voluntariado confiesa que aprendió a hacer cosas sin esperar nada a cambio. "Me gratifica que los chicos puedan aprender música, enseño sin esperar nada, quiero que puedan expresarse a través del arte y que se sientan libres", señala. Su sueño es que los niños formen una banda, aprendan a componer y que puedan hacer presentaciones en público. Diego no oculta su profunda admiración por Adela. "Ella le dedica mucho tiempo a esta tarea solidaria y como no tenemos espacio físico para la Fundación también brinda su casa", relata el joven. "Adela sueña con que los jóvenes abracen a la cultura, salgan de la calle y de otras situaciones de marginalidad", dice orgulloso.
Diego practica en forma particular música desde los 17 años, toca la guitarra, el bajo, pero a los 18 comenzó a estudiar bandoneón con un profesor de barrio Talleres Este. Terminó su secundaria, hizo un curso de microemprendimientos en la Universidad Católica de Córdoba y está buscando trabajo para poder estudiar música.
Su sueño es estudiar Composición Musical en la Universidad Nacional de Córdoba. “Este año quise ingresar pero me enfermé, así que lo voy a intentar de nuevo el año que viene”, cuenta entusiasmado.
Sus padres están separados pero cada uno a su modo lo apoya para realizar este voluntariado. Diego vive con su papá, Miguel, en barrio Talleres Este. Su padre es fletero y siempre que su hijo necesita le presta la camioneta para hacer fletes para la Fundación. Su mamá, Elsa, trabaja como vendedora ambulante y comercializa productos gauchescos. Tiene cuatro hermanos, Alejandro (40), Cristian (38), Miguel (24) y Abel (4).
Para ayudar
Vientos de cambio. Brinda contención, asistencia cultural y preparación de oficios.
Qué necesitan. Sede para funcionar, guitarras, bajos, pianos, bandoneones, voluntarios que enseñen oficios y auspiciantes para la revista, (0351) 156 347543.

