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Elogio del fracaso

Al principio de la era cristiana, el poeta romano Ovidio ya ofrecía consejos para conquistar pareja, en su obra Ars Amandi (Arte de amar). Edgardo Litvinoff

29 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Elogio del fracaso

Al principio de la era cristiana, el poeta romano Ovidio ya ofrecía consejos para conquistar pareja, en su obra Ars Amandi (Arte de amar). O sea, no hay nada muy nuevo en el proceso de seducción y cortejo entre varones y mujeres -o la variante que cada uno elija-, salvo por el hecho de que los hombres son tan necios como entonces para entenderlas.

También porque la actual cultura "del ganador" imprime sensaciones distorsionadas de lo que es ser "exitoso".

Ante estos cursos con promesa de conquista amorosa segura, uno desconfía y no puede dejar de ver el delgadísimo límite entre "lo piola" y lo grotesco.

De todos modos, cada cual hace con su dinero lo que quiere: gastarlo en una "escuela de seducción" puede ser una inversión más rentable que otras en las que dilapidamos con periodicidad nuestros recursos, con cero resultado.

Quizá uno es pesimista con estas tendencias porque se rodeó -en especial en la adolescencia- de amigos especialistas en fracasos, que hicieron de cada traspié un relato inolvidable, sin los cuales no hubiéramos tenido temas de conversación.

En ese universo de fiascos, hay una extensísima colección de "no" que modelaron tales frustraciones hasta convertirlas en factores de diversión. Y, por qué no, en imprevistas armas de seducción (nunca falta la que se siente atraída por los menos agraciados, en todos los sentidos de "agraciados").

Hasta podríamos decir que a veces un fracaso es más aleccionador que una conquista. Aunque por las dudas, no lo crean.