A ellas no les importa "el género" laboral
Son mujeres que realizan trabajos que históricamente han desempeñado los hombres.
Dicen que todo les cuesta más, pero que pueden lograr lo que se propongan. Están seguras de que vivimos en una sociedad donde algunos espacios parecen reservados sólo para hombres, pero que con el tiempo ellas también los ocuparán con holgura. Se dicen apasionadas, luchadoras y, sobre todo, muy felices. La Voz del Interior juntó a cinco mujeres que trabajan en ámbitos históricamente masculinos para conocer si, a pesar de que llevan varios años en esos espacios, todavía sienten las diferencias con los hombres y cómo lo viven cada día.Una de ellas es Julia Camusso. Es médica y está realizando la residencia de Traumatología en el Hospital de Urgencias. Forma parte de la primera camada de mujeres que lograrán finalizar la residencia de esta especialidad en ese centro de salud. "Las anteriores no lo consiguieron porque se cansaron de recibir palos en las ruedas, y abandonaron. A mí me costó muchísimo, sufrí y lloré mares, me sentí discriminada por mi condición de mujer, pero acá estoy. En tres meses me habré salido con la mía", cuenta esta bella mujer de ojos azules.Y claro, la traumatología es una especialidad de la medicina que está absolutamente relacionada con el sexo masculino. Julia recuerda que cuando rindió el examen para entrar en el Hospital de Urgencias quedó primera en la lista, pero que aún así "todo fue muy difícil". "Siempre estuve dispuesta a hacer el doble para lograrlo, pero hoy, cerca de la meta, no estoy segura de que, a pesar del esfuerzo doble, las mujeres lleguemos al mismo lugar. Creo que el hombre es más reconocido y tiene más posibilidades laborales. Y lo digo en cuanto a los colegas, no así con los pacientes, que jamás se quejaron por ser atendidos por una mujer", asegura Julia, quien también trabaja en el Instituto Traumatológico de Córdoba.Aunque con menos complicaciones, también para Patricia Quevedo la carrera hacia sus objetivos fue difícil. Ella es neurocirujana, otra especialidad donde mandan los hombres."Hace ocho años que empecé en esto y al principio tuve muchísimas dudas. Sabía que, de una u otra manera, tenía que abrir caminos. Lo hice y me siento feliz", cuenta, y asegura que lo fundamental es el reconocimiento de los pacientes."Nunca nadie se negó a que yo haga o deje de hacer algo. Pero hay pacientes que preguntan: ´¿Usted me va a operar?´ Y claro, está preparado para recibir a un hombre en el quirófano, nunca a una mujer", asegura.Y tan fuerte es la asociación del cirujano con el sexo masculino, que hasta hace poco tiempo no existían los cambiadores para mujeres en el quirófano. "Sólo había cambiador para el cirujano y otro para instrumentadores", cuenta Julia.¿Y qué otro espacio puede resultar más masculino que la albañilería, la plomería, o la herrería? Gabriela Caridi lo sabe porque se dedica a esto desde hace 15 años. "Primero trabajé en un criadero de chanchos que tenían mis padres. Luego, cuando ellos fallecieron, tuve que poner un taller de ropa para subsistir y un día me animé a pintar una casa. Así seguí, hice cursos y hoy soy capaz de levantar una casa y hacer todo lo que necesita para funcionar", dice.Para Gabriela, que también estudió Bellas Artes, lo más complicado de su trabajo es hacer que los hombres acepten sus órdenes. Pero también recuerda que se sintió diferente y hasta discriminada cuando en un CPC se negaron a inscribirla en el curso de gasista matriculado. "El año pasado no me aceptaron porque no había cupo para mujeres. Creo que este año si lo voy a hacer", cuenta, y agrega: "Afortunadamente nunca me faltó trabajo y creo que se debe a que las mujeres somos muy detallistas y eso es muy valorado".Entre los oficios masculinos también está el de mecánico. Si lo sabrá Alejandra Zárate, que aprendió a manipular tuercas, engranajes y alternadores desde los 9 años y hoy es la única mujer en todo el país inscripta en la mutual de los mecánicos."Me da risa cuando estoy en el taller arreglando un auto y al pasar por la calle la gente se codea y se sorprende de que soy mujer. Incluso algunos clientes, cuando llaman por teléfono, piensan que soy la secretaria y se niegan a decirme qué problemas tiene el auto. Después se dan cuenta de que puedo hacer el trabajo tan bien como cualquier hombre, más aún cuando llegan al taller y yo aparezco debajo del auto con las manos llenas de grasa", cuenta Alejandra. Para ella, la mecánica es su vida. Gracias a su trabajo mantiene a sus cuatro hijos, un nieto y otro que está en camino.Y más: dice que conoce a muchas mujeres que quisieran ser mecánicas y no lo hacen por temor a lo que van a decir sus padres o sus maridos. "Por eso yo quiero abrir un taller de mecánica para mujeres. No sólo para las que quieren vivir de esto, sino para todas las que quieran saber, al menos, como se cambia un neumático", asegura.Tampoco es fácil imaginarse una mujer detrás del mostrador de una carnicería o en el asiento de conductor de un taxi. Victoria Villalba no le tuvo miedo al desafío y realiza estos trabajos desde hace 25 años."En la carnicería al principio se sorprendían, pero ahora me vienen a buscar porque saben que las mujeres tenemos más paciencia y mejor humor. En cambio, en el taxi no es tan fácil. Una vez un cliente se bajó cuando me vio y hasta lo escuché decir, con algo de miedo: '¡Una mujer! ¡No!'. A mí no me enojó, entendí la situación", cuenta. Sí, se puede. Parece extraño hablar, ya entrado el siglo 21, de los lugares, oficios y profesiones donde las mujeres aún son extrañas, pero la realidad parece indicar que, aunque muchas crean que lo pueden todo, la situación aún no es la ideal. Así lo aseguran estas mujeres, pero están convencidas de que la situación se puede revertir. "Muchas mujeres se han victimizado, y eso tampoco sirve. Se puede hacer cualquier cosa, sólo basta con tener las ganas y demostrarnos a nosotras mismas, y no a los demás, qué cosas somos capaces de hacer. En mi profesión, para iniciarnos, las mujeres tenemos que hacer más esfuerzo que los hombres, pero no así para perdurar", afirma Patricia. Julia, por su parte, dice que "para la igualdad falta mucho y pasarán muchos años". "La diferencia es cultural. Desde el momento que nos miran raro, no hay igualdad. Sin embargo, pienso que tenemos la capacidad para hacer lo que queramos", asegura.

