Córdoba. Elevan a juicio el caso del joven que difundió imágenes de compañeras creadas con IA en sitios pornográficos

La Justicia confirmó que será juzgado por lesiones graves con perspectiva de género en un caso inédito de violencia digital. Las damnificadas son menores de edad.

18 de marzo de 2026 a las 06:23 p. m.
Elevan a juicio el caso del joven que difundió imágenes de compañeras creadas con IA en sitios pornográficos
Elevan a juicio el caso del joven que difundió imágenes de compañeras creadas con IA en sitios pornográficos. (Imagen Ilustrativa / Justicia de Córdoba)

La Cámara de Acusación de Córdoba confirmó la elevación a juicio de un joven acusado de generar y publicar imágenes sexuales falsas de compañeras de colegio mediante inteligencia artificial (IA), en un fallo que considera que la conducta “sin dudas” configura el delito de lesiones graves calificadas por mediar violencia de género.

La resolución, dictada el 16 de marzo, marca un precedente en el abordaje judicial de la violencia digital en Argentina y pone el foco en el impacto psíquico que este tipo de prácticas provoca en las víctimas.

El tribunal, estará integrado por los camaristas Patricia Alejandra Farías, Maximiliano Octavio Davies y Carlos Alberto Salazar.

Un fallo que pone e foco en el daño psicológico

El tribunal sostuvo que el accionar del imputado encuadra dentro de las lesiones graves, aun cuando no haya existido contacto físico. En ese sentido, remarcó que el daño psíquico es reconocido por el Código Penal como una forma de lesión.

“Los trastornos de ansiedad persistentes, estrés postraumático, trastornos adaptativos, y aislamiento social, deben considerarse graves, sin lugar a dudas”, afirmó la camarista Patricia Alejandra Farías, autora del voto.

La resolución también subrayó que las víctimas se encontraban en una situación de especial vulnerabilidad, al tratarse de jóvenes “como sujetos en formación”.

Cómo fue la maniobra

Según la investigación, el joven utilizó herramientas de inteligencia artificial para superponer los rostros de sus compañeras sobre cuerpos desnudos en imágenes pornográficas.

Ese material fue publicado en una página web para adultos, acompañado por los nombres y apellidos reales de las víctimas. Además, el acusado incorporó enlaces que dirigían a los perfiles de Instagram de las jóvenes.

Como consecuencia, las damnificadas comenzaron a recibir solicitudes de amistad y visitas de desconocidos en sus redes sociales, lo que amplificó el impacto del hecho.

El tribunal destacó que, aunque las imágenes eran falsas, generaron una exposición real y masiva. “Implicaron una exposición sexual, digital, pública y reiterada, por la multiplicidad de visualizaciones que genera dicho medio”, indicaron los camaristas.

Violencia digital y simbólica

En su análisis, la Cámara encuadró el caso dentro de distintas formas de violencia de género. Por un lado, como violencia digital, al haberse concretado en el entorno virtual.

“Fue en el espacio digital donde se concretó el mensaje estereotipado, lo que no requiere necesariamente de un vínculo interpersonal entre el agresor y las víctimas”, señala la resolución.

Además, se consideró que existió violencia simbólica, en tanto las imágenes reproducían prácticas de cosificación y sexualización de las mujeres.

Los vocales advierten que este tipo de conductas se inscribe en un fenómeno más amplio. “Van proliferando en nuestra sociedad conductas que utilizan los medios informáticos o las redes para la comisión de distintos delitos que tiene como sujeto pasivo a la mujer”, afirmaron.

El origen del caso

El episodio se conoció en 2024 en el ámbito del colegio Manuel Belgrano, en la ciudad de Córdoba, luego de que comenzaran a circular rumores entre estudiantes sobre la existencia de imágenes falsas con contenido sexual.

Las fotografías habían sido creadas a partir de imágenes obtenidas de redes sociales como Instagram o WhatsApp, mediante técnicas de “face swapping”, que permiten intercambiar rostros en cuerpos ajenos.

Las publicaciones incluían descripciones denigrantes hacia las jóvenes y se difundieron en un sitio pornográfico, lo que aceleró su viralización.

En total, se identificaron al menos 16 víctimas, aunque la causa fue elevada a juicio por dos de ellas.

La investigación y las pruebas

La pesquisa logró vincular al acusado con las publicaciones a partir de distintos elementos: cuentas de correo asociadas a su identidad, la dirección IP del domicilio familiar y registros digitales de actividad.

También se incorporaron chats en los que el joven reconocía su accionar, así como peritajes que confirmaron el uso de inteligencia artificial para la manipulación de imágenes.

Durante un allanamiento, además, se encontraron más de 200 archivos de contenido sexual en sus dispositivos.

Consecuencias en las víctimas

Los peritajes psicológicos determinaron que varias de las jóvenes afectadas sufrieron consecuencias significativas en su salud mental. Entre los efectos detectados se encuentran ansiedad, miedo a la exposición, aislamiento social y cambios en la conducta cotidiana.

Algunas de las víctimas modificaron sus hábitos, eliminaron contenido de sus redes sociales o dejaron espacios educativos como consecuencia del impacto emocional.

Para la fiscalía, estos efectos constituyen el núcleo de la imputación, al entender que el daño psíquico es suficiente para configurar el delito de lesiones graves.

El rol de la escuela

El caso también tuvo repercusiones en el ámbito institucional. El colegio Manuel Belgrano activó protocolos internos y dio intervención a equipos especializados en violencia de género y acompañamiento psicológico.

Desde la institución señalaron la importancia de trabajar en la prevención de este tipo de situaciones y en la educación digital de la comunidad.

Además, se inició un expediente administrativo y se adoptaron medidas disciplinarias respecto del estudiante involucrado.

Un caso testigo

La elevación a juicio de esta causa es considerada por especialistas como un posible caso testigo en materia de violencia digital.

El encuadre bajo la figura de lesiones graves con perspectiva de género podría sentar un precedente para situaciones similares, en un contexto donde el uso de inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para el sistema judicial.

El proceso oral permitirá determinar la responsabilidad penal del acusado y establecer criterios para abordar este tipo de delitos en el futuro, en un escenario donde la tecnología avanza más rápido que la legislación.