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El valor de mantener el ritual

La mayoría de los que se congregaron son de Córdoba, pe­ro algunos provenían de provincias como Santa Fe, Salta y Jujuy.

20 de julio de 2017 a las 12:01 a. m.
El valor  de mantener  el ritual

En el encuentro no faltó nada. Dio inicio cuando comenzaron a en­cender el fuego para el costillar, a las 7.30 de un día que comenzó lin­do, pero que se volvió gélido po­co antes del mediodía, justo cuan­do comenzaron a llegar los a­migos. La mayoría de los que se congregaron son de Córdoba, pe­ro algunos provenían de provincias como Santa Fe, Salta y Jujuy.

Los recibieron algunos de los que integran el “núcleo duro” del grupo: el dueño de casa, Vicente Scrofani; el alma mater del encuentro, Eduardo Britos, y su hermano de la vida, como lo define él, Gustavo Ferreyra.

Britos y Ferreyra se conocen desde niños, cuando el primero vivía en una carpa y su amigo en un vagón de tren. Britos –“el Pato”– dice que la inclinación a congregar personas le viene de familia. Fue criado por sus abuelos –provenientes de Siria y del Líbano–, y de las convocatorias frecuentes, cuenta, nacían verdaderos lazos que contribuían no sólo al bienestar emocional, sino también a facilitar la vida diaria.

Tampoco estuvo realmente ausente el amigo que siguió el feste­jo a la distancia. Desde Suiza, Ga­briel Melly apuntaba un “cómo me hubiese gustado estar con ustedes”. “Tengo 49 años y conozco a Vicente desde 1986, pero nuestra amistad se hizo fuerte desde el fa­llecimiento de su hermano mellizo, con quien yo estaba muy unido, en 1989. Hoy, él es un pilar en mi vida y el único amigo que tengo, tanto aquí, como allá”, revela.