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“El juego de tronos” alrededor de la Jefatura

El nuevo jefe de Policía pasó, de un día para otro, de tener el retiro a fin de año a asumir la conducción.

02 de diciembre de 2014 a las 01:35 p. m.
“El juego de tronos” alrededor de la Jefatura
El comisario Almada sobrellevó una jefatura efímera, entre el narcoescán- dalo de septiembre y el motín policial de diciembre (Pedro Castillo/Archivo).

Cuando en la madrugada del 4 de diciembre del año pasado los comisarios generales César Almada y Carlos Galbucera se retiraban del epicentro del acuartelamiento policial sin poder convencer a los rebeldes para que regresaran a las calles, sabían que también dejaban allí sus carreras dentro de la fuerza.

Aunque luego los propios efectivos amotinados elevaron reclamos para evitar que Almada y Galbucera fueran retirados de sus puestos, el jefe y el subjefe de la Policía de Córdoba no tenían ya ningún respaldo político. Antes, tenían por delante unos cuantos días más de trabajo: asegurar que la Policía trabajara en recomponer el orden perdido.Duraron 84 días en sus cargos, tras asumir en medio del estallido del narcoescándalo a mediados de septiembre.En la noche del sábado 7 de diciembre, pese a que aún no se había confirmado ningún cambio oficial, la nueva plana mayor brindaba por una exitosa nueva etapa, en una parrillada de Villa Carlos Paz. Era bendecida por uno de los jefes policiales con mayor ascendencia en los últimos tiempos: Ramón Ángel Frías.Frías era la cabeza visible de uno de los bandos en los que desde hacía ya un tiempo se había dividido la lucha intestina por el control de la Policía. La otra facción era liderada por Alejo Paredes, exjefe de la fuerza que se convirtió en ministro de Seguridad, hasta que el narcoescándalo lo obligó a renunciar, al igual que a Frías.Durante ese fin de semana, desde el sector de Paredes jugaban también sus últimas fichas: realizaban gestiones para que el próximo número uno fuera el comisario general Miguel Ángel Pizarro, que en septiembre había sido llamado para apagar el incendio en Lucha Contra el Narcotráfico.Pizarro, incluso, durante el domingo 8 recibiría felicitaciones telefónicas de otros camaradas y funcionarios políticos.Sin embargo, la pulseada estaba definida para el sector de Frías.El lunes 9, seis días después del acuartelamiento, el comisario general Julio César Suárez aparecía en Casa de Gobierno. Con reciente paso por la Policía Caminera, era ungido como el nuevo jefe de Policía. En un breve discurso, aseguraba que iba a trabajar "en la reconstrucción de la fuerza policial" y en "recuperar la paz social".La suerte de Suárez había dado un giro de 180 grados tras el motín. Un mes antes, Almada –según aseguraron distintas altas fuentes consultadas– recibió la noticia que no quería oír: pasaba a retiro a fin de año.En el mismo acto, se anunciaba la desaparición del Ministerio de Seguridad, que otra vez pasaba a depender del Ministerio de Gobierno, como en los tiempos de Juan Schiaretti.El jefe político de la fuerza pasaba a ser, entonces, el flamante secretario de Seguridad, Matías Pueyrredón, un funcionario que hasta ahora tuvo un perfil bajísimo y jamás habló en público.En la práctica, hoy la Policía parece haber recuperado el autogobierno que siempre anheló: proponer y ejecutar políticas de prevención y represión del delito sin tener que dar mayor cuenta de los resultados al poder político. Polémicas Sin embargo, durante este primer año de gestión, alrededor de Suárez abundaron las críticas. Primero, se ordenaron allanamientos masivos en los cuales los detenidos eran exhibidos a la prensa en "corrales" y esposados hasta con cordones de zapatillas.Luego, el jefe policial acusó de "delincuentes" a distintos jóvenes muertos a manos de efectivos, en episodios de presunto "gatillo fácil" que aún la Justicia intentaba dilucidar.Tras ello, el fiscal Alfredo Villegas lo imputó por "coacción" después de que un periodista lo denunció por supuestas amenazas.Otro fiscal, Pablo Molina, aseguró, al mismo tiempo, que había recibido una comunicación "poco feliz" de Suárez en medio de una investigación de un caso de "gatillo fácil" contra dos efectivos presos tras matar a un joven en barrio Los Boulevares, de la Capital.No fue todo. La fuerza otra vez quedó bajo la mirada de la sociedad cuando el jefe ordenó pasar a retiro forzoso a cuatro policías de alta jerarquía, por cuestiones que jamás aclaró. Dos de ellos regresaron a sus puestos en sólo horas y tampoco se difundieron los motivos de la marcha atrás con la decisión.Ya en noviembre, Suárez quedó grabado de manera clandestina en medio de una discusión con un oficial principal. Tras ello, el subalterno lo denunció penalmente por "abuso de autoridad" y "privación ilegítima de la libertad".Mientras tanto, "el juego de tronos", la historia secreta de conjuras y traiciones en el edificio de Colón y Santa Fe, parece ir agregando, día a día, un nuevo capítulo.

61 policías imputados

El fiscal provincial Raúl Garzón imputó y mantuvo detenidos por un tiempo a 17 efectivos, acusados de desobediencia a la autoridad. Todos fueron cesanteados por la fuerza, aunque aún no fueron juzgados. Otros 44 efectivos están imputados de violación de los deberes de funcionario público y mal uso de un bien público (dejaron estacionados los patrulleros la noche de los saqueos). Todos son de bajo rango.