El hombre que hace visibles a los “sin techo”
El publicista argentino armó una plataforma digital en la que retrata a gente que vive en la calle. Y a muchos les cumple los sueños.
La historia de Hugo "Pachi" Tamer merece ser contada. Al igual que las que él mismo retrata, relata y acompaña en las calles de cualquier ciudad, de la estadounidense Austin a Córdoba, de Medellín a México. Desde hace años, en algunas ocasiones por coincidencia con tristes circunstancias de su vida personal, Tamer se involucra con los hombres y mujeres de la calle, los "sin techo", los homeless . Empezó escuchándolos, siguió ayudándolos, consiguiéndoles trabajo y continuó fotografiándolos por un dólar."Pachi" es publicista, fotógrafo y emprendedor argentino. Tiene 44 años y una ONG en formación (One Dollar Dreams), en Austin, Texas, donde vive desde hace cinco años. La idea es ayudar a gente en situación de calle a conseguir un trabajo, un techo, una rehabilitación o a reencontrarse con su familia. "Trabajé los últimos 20 años en agencias de publicidad. En 2010 debido a una serie de incidentes, un accidente que tuvieron mis padres en Argentina, un divorcio con una hija de un año y medio en un país completamente diferente, sin familia y sin amigos, me encontré con un señor que estaba pidiendo en la calle y me puse a hablar con él. La charla me dio la contención que necesitaba en lo personal y a la vez me hizo muy bien poder contenerlo a él", cuenta "Pachi", en su reciente visita a Córdoba, invitado por la Universidad Siglo 21. Y sigue: "Le pedí sacarle una foto y le pagué un dólar por la fotografía. A partir de ese día, en mi horario extra laboral me dedicaba a fotografiar a esta gente, a darles un nombre, a contar sus historias y les pagaba un dólar. Hasta que un día se me ocurrió que si todos los seguidores que tenía en mis redes sociales me daban un dólar a mí, yo podía 'salvar' a estas personas". Así surgió One Dollar Dreams, en español "un sueño por un dólar". 41 mil seguidores Hoy Tamer tiene unos 41 mil seguidores en diferentes cuentas (Instagram, Facebook y Twitter). "La idea surgió con el sueño de un hombre que quería ir a Oktoberfest, en Alemania. Ese fue el disparador del proyecto, pero después viajé a Colombia y llevé a internar a un chico que era adicto al paco y me di cuenta que había necesidades más básicas que llevar a alguien de vacaciones". El relato continúa: "Ese primer sueño quedó relegado y así llevé a Alex a internarse; me convertí en su padrino y ese fue el primer sueño que cumplí. Después le conseguí trabajo a otro señor en Austin. Era chef y le compré el equipo y un set de cuchillos. Fuimos a un restaurante y a los dueños les ofrecí publicidad a través de mis redes sociales si le daban trabajo, y se lo dieron".Luego, este argentino singular empezó a viajar, a hacer lo mismo en otros países. Pasó un fin de semana completo en las calles de Los Angeles contando la experiencia en vivo a través de las redes sociales. El proyecto empezó a ganar notoriedad."Di una charla en Uruguay a donde llevé a un chico de la calle. Lo vestimos de publicista y lo alojamos en un hotel y estuvo mezclado entre la gente. Cuando mostré la foto de él en mi charla, hablé de los prejuicios y que si lo veíamos de esa manera en la calle no le prestábamos atención, pero todos habíamos estado con él interactuando en el festival porque estaba bien vestido", subraya.La intención es esa: llamar la atención sobre los prejuicios y la invisibilidad en la que vive la gente de la calle. En la charla TEDx Rosario, en 2013, "Pachi" se vistió como una persona indigente y pasó toda la mañana frente al salón de la conferencia, caminando con renguera, pidiendo cigarrillos o revolviendo la basura. "Todos se sorprendieron cuando el último orador era esa persona que todos habían ignorado", relata. Más se sorprendieron cuando se desnudó ante el auditorio para demostrar que las apariencias son lo de menos.El proyecto comenzó a ganar espacio en su vida y en diciembre pasado renunció a la agencia de publicidad donde trabajaba y se largó con su propia productora, Domador, y con la puesta en marcha de la ONG. Ignorados y sin afecto –¿Qué te ha enseñado el contacto con la gente en situación de calle? –Aprendí a no juzgarlos, a darme cuenta de que es gente que no está ahí porque quiere sino porque la vida los pone en esas circunstancias, y que cualquiera de nosotros podríamos estar ahí. –¿Las historias tienen algún punto en común? –Todas son diferentes. Lo que tienen en común es que son todos ignorados. La gente cuando pasa al lado de ellos no los mira, no los saluda, no les pregunta cómo están. –¿Es difícil entablar un diálogo? –Es mucho más fácil de lo que imaginamos; eso es un poco parte del prejuicio. Como es gente que está acostumbrada a que le den vuelta la cara, si alguien se acerca, le pregunta cómo está con buena onda, les produce una gran satisfacción ser reconocidos. Por lo general, el recibimiento es bueno. El secreto de los retratos y la forma en que trabajo es que no me acerco y le digo: 'Che, ¿te puedo sacar una foto por un dólar?' El retrato viene después. Les pregunto cómo se llaman, les doy la mano, no me importa si están sucios, me siento con ellos. Esa barrera se rompe, uno deja de mirarlos desde arriba, uno se sienta en el mismo lugar, al lado y los toca sin que te de asco. –La mayor carencia que tienen es la afectiva… –Sí, es la principal. También hay un montón de necesidades básicas, materiales, que no están cubiertas, pero que son una consecuencia de la falta del contacto humano. Esas necesidades no están cubiertas porque nadie se les acerca, nadie les da una mano. Cuando lo humano está, lo material viene solo. –¿Hay 'homeless' que no quieren salir de la calle? –Esas son excusas que nos ponemos para quitarnos la responsabilidad. Cuando uno piensa que esa gente quiere estar ahí, es más fácil zafar.

