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El fallo, sólo una cuestión de honor

“Ustedes van siguiéndome a mí”. Ésta fue la orden del brigadier Agustín Alfredo Míguez a sus subordinados antes del despegue. Miguel Durán.

16 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El fallo, sólo una cuestión de honor

"Ustedes van siguiéndome a mí". Ésta fue la orden del brigadier Agustín Alfredo Míguez a sus subordinados antes del despegue, aquella mañana del 19 de septiembre de 2001. No hubo planificación previa que permitiera a los otros dos pilotos conocer los aspectos esenciales del vuelo que emprendían. Al respecto, el tribunal que condenó al ex director de la Escuela de Aviación señaló que el vicecomodoro Ernesto Guillermo Cooke tuvo que mantener el rumbo y la altura fijados por el piloto guía de la formación, "en quien tenía que confiar ciegamente y obedecer sus instrucciones"."Por tal motivo, no se ha configurado en modo alguno en el presente caso un supuesto de 'imputación a la víctima', excluyente de la tipicidad". Esto es lo que desde hace nueve años quería escuchar Ramón Ernesto Cooke. Para el padre del aviador muerto, era una cuestión de honor. Lo único que le interesó a este coronel del Ejército y piloto fue eso. Ya había perdido un hijo que luchó desde el aire en Malvinas. Ramón era su primer hijo muerto en vuelo. Aquella mañana trágica, entre el público presente se encontraba un nieto del coronel que, para su orgullo, hoy es también piloto de la Fuerza Aérea. El coronel salvó el honor, pero perdió un hijo. Y todo porque un brigadier, como se le escapó Tribunales a su primer defensor, "quería tener brillo".