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El éxito de una mujer en un oficio de varones

Heredó la profesión de su familia y empezó con un "quiosquito", pero hoy tiene tres puestos de diarios y revistas.

05 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
El éxito de una mujer en un oficio  de varones

Si Mariela Mercado (45) hubiera pretendido mostrar cómo es una jornada promedio, en la vida de un diariero, difícilmente le habría salido tan precisa como la tarde del miércoles pasado. Un viento inmisericorde se abatía sobre el quiosco de José Ignacio Díaz y Bunge, en barrio Iponá, obligando a reforzar broches o guardar los ejemplares de diarios y revistas que amenazaban con salir volando. "Que qué es lo peor, para un 'canilla'…? Pues aquí lo tiene: ¡el tiempo!", resume la incansable proveedora de más de 300 domicilios. Y el doble o triple de ventas ocasionales y callejeras. Normalmente, el tejido del colegio Dante Alighieri, sobre el cual está instalado el puesto de ventas, está cubierto de magazines, almanaques, números atrasados y promociones editoriales. Esa tarde hubo que almacenar más de la mitad, para que no se los llevara el huracán que se había desatado. Gen familiar. Mariela no pierde la sonrisa, ni el ánimo. Ella, como tantos colegas, asegura que el humor es su herramienta más efectiva. No se puede dar el lujo de atender mal a un cliente, ni quiere. Más que cliente, tarde o temprano termina siendo un amigo. O un viejo conocido. Muchas personas sienten curiosidad por saber cómo fue que una dama se puso al frente de un negocio que tradicionalmente lleva pantalones. Pero la sangre de los Mercado Carreño tiene un gen distintivo. A los 17 años, Mariela decidió que no quería seguir estudiando. "'¿Con que esas tenemos?', me dijo mi vieja … 'Pues ya mismo te ponés a laburar'", recuerda esta "mujer canillita". Y no deja de agradecerle a su madre que le haya marcado un rumbo en la vida. Mariela partió a lo de su tía, Esther Carreño (60), propietaria de un tradicional puesto en la rotonda de Las Flores, a pedirle trabajo. Desde entonces, es "diariera", y a mucha honra. Con algunas interrupciones, pronto cumplirá 30 años yendo en bici, a pie o en motito, a pasar ejemplares bajo la puerta o en el jardín. Vista al frente. "Estos no son los mejores tiempos, pero los hubo peores", coinciden Mariela y su marido, en alusión a la competencia "desleal" que les significan Internet y los vendedores ambulantes. Sin el menor empacho, estos se apostan cerca del quiosco, a vender los mismos subproductos audiovisuales. La pequeña empresa familiar se fue agrandando con otros dos puntos de venta, en la avenida Valparaíso y cerca del Hipódromo. Ellos mismos viven desde siempre en el barrio, y no tienen la menor intención de mudarse. "Lo malo de este 'laburo' es que es de lunes a lunes, y arranca antes de las 6 de la mañana", resume Mariela. A esa hora reciben los diarios; los tienen que armar, con cuidado de no perder ningún suplemento o adicional, y empezar a repartir y vender. Los vecinos aseguran que oírla gritar "¡Diario, La Voz, diario…!" es como una señal de que el día se ha puesto en movimiento. Por su parte, Mariela Mercado se enorgullece de vivir de este oficio y negocio, que les permite mantenerse ellos y a sus dos hijos."No nos alcanza para mandarlos a colegios privados, pero por suerte en la zona hay buenas escuelas públicas o parroquiales", comenta luego, en alusión al Jóvenes Argentinos donde concurren. Cordobeses lectores. Aunque el futuro se les presenta tan difuso como a cualquiera, los seguirá encontrando en la misma trinchera. "A los cordobeses les gusta leer, no compran tanto chisme como los porteños, y de a poco se han ido dando cuenta de que quien no sepa inglés, no tendrá cómo desenvolverse el día de mañana", augura esta mujer, madre, canillita de tiempo completo y ama de casa en sus horas libres.