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El boleto que no puede comprar Ana

Ana vive en Las Magnolias, un barrio al noroeste de la ciudad de Córdoba. Laura González.

14 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
El boleto que no puede comprar Ana

Ana vive en Las Magnolias, un barrio al noroeste de la ciudad de Córdoba. Trabaja en un gran mayorista ubicado sobre avenida Circunvalación, de lunes a viernes y dos domingos al mes. Vive con su mamá y su hijo de 6 años. A ella le es indiferente que el cospel esté a 2, 2,50 o 3 pesos, por la sencilla razón de que el servicio urbano de pasajeros no le sirve. Para ir hasta Tarquino, tiene que tomar un colectivo al centro y luego volver a subir. Fácil, le lleva hora y media cada viaje, tres al día. Su mamá también trabaja, en una casa de familia: llega 12.30 y Ana entra a las 13. Encontró una solución: un remise trucho. A veces se olvida de pasar, pero le cobra la mitad de lo que le costaría un taxi. La discusión por un aumento en la tarifa del boleto no provocaría tanto rechazo si el servicio fuera bueno. Recorridos demasiado concéntricos; colectivos que se llenan a pocas paradas de la salida de punta de línea y no se detienen más en todo el recorrido; esperas que promedian los 45 minutos y rutas que no se integran ni dan la posibilidad de combinar recorridos, al menos con el mismo cospel.Quien padece el servicio malo se pasa en cuanto puede a la moto o apela al auto particular. Eso explica que, desde su pico histórico en 1986, cuando se vendieron 20 millones de boletos, la población haya crecido 32 por ciento, pero los pasajeros transportados cayeran un 15 por ciento. Las calles son las mismas, así que la consecuencia no podría ser otra que un tránsito colapsado.Como si fuese poco, el servicio de transporte le consume al municipio el ocho por ciento de su presupuesto. Las tres líneas de transporte que operan en la ciudad reciben tres subsidios de la Nación: un cupo de litros de gasoil barato, una compensación por la tarifa y un extra para el pago de sueldos. Además, el municipio subsidia de manera directa y parcial el boleto de Coniferal y Ciudad de Córdoba y mantiene por entero a la Tamse, una empresa estatal con 1.500 empleados y 380 unidades, contando también los troles y los diferenciales.Es probable que la asistencia del municipio al servicio de transporte supere en el año los 120 millones de pesos, incluyendo el pago de las unidades nuevas.En el transporte urbano se conjuran, hoy por hoy, todos los males. Le pesa al usuario, que paga una de las tarifas más caras del país. Les pesa a todos, tanto a los que lo usan como a quienes no, porque con sus impuestos se pagan los poco claro subsidios nacionales y municipales, cuya asignación detallada y transparente no está al alcance del ciudadano que quiera saber qué se hace con su dinero. Demasiado costoso para que el servicio, como si no bastara, deje disconforme a la mayoría. Como le sucede a Ana.