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El artesano del cine que filma la vida de los pueblos

Vive en la pequeña localidad cordobesa de Canals. En cada película actúan los vecinos y autoridades locales.

16 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Fernando Agüero
El artesano del cine que filma la vida de los pueblos

Daniel Burmeister es un trotamundos. A los 68 años, le cuesta enumerar la cantidad de profesiones y oficios que desarrolló en su vida hasta llegar a este presente como director de cine artesanal. Hace 15 años se encontró casi por sorpresa con esta actividad que hoy le apasiona y le permite vivir.

Se dedicaba a ofrecer funciones de títeres para los chicos del pueblo en el que vivía (América, en la provincia de Buenos Aires) y un amigo le sugirió que filmara una película sobre eso. Por primera vez tuvo una cámara en sus manos y se desató su pasión. Por estos días, Burmeister terminó de filmar una película en Cañada Rosquín (Santa Fe) y ya perdió la cuenta de las que hizo. Su trabajo consiste en recorrer los pueblos del centro y sur de Córdoba y de parte de Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires y filmar películas con guiones propios en las que los intendentes hacen de intendentes, los curas de curas y la gente, que nunca antes actuó, se compenetra en los papeles asignados con total soltura.

Burmeister vive en Canals, en el sur de Córdoba, pero su vida en realidad es un viaje incesante de pueblo en pueblo, de película en película. "Escribo los guiones, filmo, dirijo, hago los "castings" y después proyecto la película", explica el cineasta artesanal.

Su historia no pasó inadvertida para tres directores de cine porteños: Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich, que filmaron recientemente el documental "El ambulante", en base a la actividad de Burmeister, y ganaron con esa producción el premio del público en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici).

Historia que habla. Daniel nació en San Isidro (Buenos Aires) y se radicó en Colombia en la década de 1970, luego de ser trasladado por la editorial en la que trabajaba. Allí conoció a quien fue su mujer y tuvo dos hijas. Al morir su esposa, se dedicó a criar a las niñas hasta que éstas se casaron. Desde ese momento emprendió su viaje por el arte y la cultura y hoy es un caminante que observa y proyecta lo que pasa a su alrededor.

"El hombre que puede hacer soñar un pueblo", dice sobre él uno de los subtítulos de la película "El Ambulante". Y es así. Cuando Burmeister llega a un pueblo sólo pide el alojamiento y la comida al municipio, si está de acuerdo con su idea, y se gana su sustento con las entradas que vende en las funciones en las que proyecta la película apenas terminada, hecha de cabo a rabo en cada lugar y con la exclusiva actuación de su propia gente. "Cuando llego a un pueblo, es una revolución", exclama lleno de risa. "Si bien no filmo la historia del pueblo sino un guión propio, queda congelado un momento en la vida de esa ciudad", agrega. En su caminar se ha encontrado con inconvenientes.

"Una vez en un pueblo de La Pampa había un cura polaco que se creía el Papa. Y cuando le di el guión del sermón que tenía que decir, con mucha soberbia me lo tiró al piso y dijo que llevaba 40 años dando sermones y que sabía hacerlo sin que nadie le dictara", cuenta Daniel.

Los largometrajes del artesano siempre tienen un accidente y un casamiento porque eso le permite incluir a la mayor cantidad de vecinos posible. La idea es que mucha gente se vea a si misma en la película. "Me encuentro con personas que si tuvieran la posibilidad, serían grandes actores o actrices", dice, sin dudar.

Burmeister cree ser la única persona en el mundo que hace lo que él hace para subsistir. "No sé de nadie que haga lo mismo", asegura y advierte que sus películas andan por todo el mundo ya que mucha gente las envía a sus parientes en el exterior para que vean sus pueblos y la gente que dejaron al irse.

"Duermo en cualquier parte, no tengo equipo, soy yo solo y en cada pueblo se acerca mucha gente a ayudarme", dice el singular artista.