Ejercicios para ciegos en Plaza Italia
Circulaban con los ojos vendados, ayudados por sus compañeros. Como inspirados en una célebre publicidad, intentaban asomarse a una existencia sin sentido de la vista. Rosa Bertino.
El miércoles pasado, el sol volvió a colarse desde temprano entre las tipas de la Cañada, presagiando otra jornada fatal. Recibir al otoño con tanto o más calor que en verano es un chiste que suele gastarnos el clima mediterráneo. "A la Presidenta le va a dar la lipotimia y va a decir que se lo hicimos adrede…", bromeó la moza de un bar frente a la Plaza Italia. A los varones no se los oye hablar de "lipotimia", un cuadro más femenino que masculino, que designa el súbito y agudo malestar provocado por un golpe de calor, un severo disgusto o un hecho inesperado. Muy cerca avanzaban los preparativos para el acto que tendría lugar horas más tarde, con la presencia de Cristina Fernández. El despliegue contrastaba con la sombría indiferencia de la gente.Lo único que les preocupaba era terminar con sus cosas antes de que cortaran el tránsito. Nada ofusca tanto como los cortes, los cierres, los obstáculos. Estaremos acostumbrados, pero no resignados. La no resignación es lo último que nos queda. Metáfora. Esa mañana, y en esa plaza, un grupo de estudiantes realizaba un ensayo vivencial y urbanístico sobre la ceguera. Circulaban con los ojos vendados, ayudados por sus compañeros. Como inspirados en una célebre publicidad, intentaban asomarse a una existencia sin sentido de la vista. Una parejita se besaba con avidez, con lo cual nos percatamos de que es raro ver a un par de ciegos besándose en la vida real. No en vano hay una apelación constante a la ceguera como alegoría de encierro o alienación. El miércoles fue imposible no asociarla con estos tiempos. No vemos porque no podemos, o porque nos tapamos los ojos. Nos podríamos curar, pero no queremos. En la Plaza de la Intendencia se montaban tarimas y micrófonos, mientras una pequeña multitud hacía cola en una esquina. "¡Ya se está juntando público!", se asombró alguien. "Ma' qué público: están esperando que les entreguen el decodificador. Los muy… no saben que no les va a servir para nada", masculló un vendedor ambulante.Dentro del Palacio 6 de Julio, un sector amagaba con "una asamblea" en apoyo al conflicto médico sanitario que dejó sin servicio a varios centros capitalinos. O por el pase a planta de los contratados, vaya a saber. No hay semana sin problemas en la 'Muni'. Sin embargo, metros más allá, un enorme cartel decía "Giacomino conducción", en referencia al actual intendente. El mismo por el cual uno sería capaz de ir descalzo a Luján, si con eso lograra que recupere la gestión de algo, en ese vital y hoy ingobernable organismo.Más inexplicable aún es la proliferación de autocandidaturas a intendente. Un señor ya grande hizo un certero comentario: "El único que no se postula es el que maneja la 'Muni': (Rubén) Daniele. ¿Por qué será, no?". El día que encontremos la respuesta, podremos pasar a otras preguntas.

