Los domingos y el encanto popular alejado de la melancolía
En Córdoba podríamos tener nuestra combinación de La Boca y Puerto Madero. Rosa Bertino.
Si recabáramos opiniones acerca del día domingo, nos encontraríamos con que mucha gente le tiene aprensión. El atardecer les da melancolía o sienten que el lunes se cierne como una amenaza. En cambio, en los sectores más populares, el domingo conserva ese encanto pueblerino que remite a la salida de misa y dar la "vuelta del perro" alrededor de la plaza. Hoy, la salida al shopping no tiene el mismo atractivo (suponiendo que tenga alguno). Entre los nuevos paseos cordobeses, sólo el Buen Pastor ha logrado reproducir aquel ánimo de mate y facturas, en una ruidosa superficie de vidrio y cemento. Ahí podemos observar el gran giro de la Historia: entre los que concurren al Buen Pastor, algunos se animan a conocer los Capuchinos. La ex cervecería. Dentro de este panorama, el domingo en la isla de los Patos es una verdadera fiesta popular, y la colectividad peruana, su principal protagonista. Muchos lo aprecian de refilón, mientras corren por los senderos o vuelven a casa por la Costanera. De los aproximadamente 30 mil peruanos que, según el consulado de ese país, están afincados en Córdoba, más de la mitad vive en Alberdi, Providencia, Güemes, Villa El Libertador y Nuestro Hogar III. Las dos primeras barriadas, más precisamente los alrededores de la ex cervecería, son las que nutren de colores, sabores y olores ambas márgenes del río Suquía. "Varias revistas de gastronomía vienen a ver cómo preparamos la comida al paso", confesó un niño peruano, rogando no tener líos con la Municipalidad. Todo indica que existe una tácita división: choripanes en el Parque Sarmiento; bolitas de yuca y chicharrones en la isla de los Patos. Siguen viniendo. Los vecinos del Altiplano están acostumbrados a que confundamos peruanos con bolivianos o con cualquier habitante de la puna. Si uno los apura un poco, a varios peruanos les gusta tener a su tierra natal acá en la Argentina. Todas las semanas llegan cinco o seis colectivos (La Veloz, Cruz del Sur, El Rápido) repletos de connacionales. "Por semana, arriban entre 300 y 500 peruanos… Algunos habían ido de visita, pero muchos son nuevos-nuevos", informa el encargado de un inquilinato. Según este señor, "a lo sumo hacen unos seis mil dólares por año, que para nosotros es bastante". Cuánto crecimos. La ciudad de Córdoba ha crecido tanto como para albergar a colectividades que aportan un toque de etnicidad, algo así como el Once de Buenos Aires o el Kreuzberg de Berlín, donde viven los turcos. En todas partes, estas movidas esconden un fenómeno curioso. Un ex vecino admite que cada tanto se da una vuelta, "para 'sentir' el airecito de Alberdi". Dice que la escalada de violencia los "obligó" a ceder el barrio "a los peruanos". Como sea, hoy da gusto contemplar la zona en perspectiva. Y pensar cuántas intervenciones urbano-arquitectónicas se pueden hacer a lo largo de la Costanera. Podríamos tener nuestra propia combinación de la Boca y Puerto Madero. Quizá podamos empezar a mirar más allá de las viejas casonas del centro y Nueva Córdoba.

