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Dilemas de cantidad, que ahora aparecen

Suena a difícil que el turismo, dominado por pautas de consumo, no impacte en el ambiente y en el paisaje. Más aún en sitios que “venden” naturaleza. 

24 de agosto de 2013 a las 02:43 p. m.
Dilemas de cantidad, que ahora aparecen

No es el caso del exótico Bután, país asiático que para mantener su privilegiada biodiversidad admite un límite de turistas por año y un mínimo de gasto por estadía. Así, pocos gastan mucho y la cantidad de visitantes no afecta la imagen que ese país "vende" al mercado turístico. Pero no es tan distinto el debate que envuelve a algunas localidades bien cordobesas. ¿Cuánta gente aguanta La Cumbrecita sin dejar de ser La Cumbrecita? Ese muy atractivo paisaje serrano, de belleza algo ajena (no autóctona, sino recreada de los Alpes europeos), no puede ser el mismo con 500 que con 2.500 habitantes. Con más gente, ese pueblo gana y pierde, según qué se mida. Triplicando visitantes, también. Podrá discutirse si termina siendo mejor o peor. Pero seguro que será distinto.Suena complicado hacer que el turismo, dominado también por pautas de consumo, sea inocuo para el ambiente y el paisaje. Más aún lo es para sitios que ofrecen naturaleza y tranquilidad como sus atributos de marca.Pero más complicado –e injusto– es inducir que los mejores ambientes y paisajes deban quedar, por esa razón, como reductos exclusivos para turistas de alto poder económico, inaccesibles a las mayorías. ¿Quién es el dueño del paisaje?Entre medio, queda un fino desfiladero para transitar, ligado a la planificación.Decenas de destinos turísticos ya no pueden retroceder con su crecimiento desprolijo. Capilla del Monte puede ser hoy un espejo: discute, con intensa polémica, si vuelve atrás con los loteos que hace una década autorizó en los faldeos por sobre los 1.050 metros de altura. Ahora, debaten aspectos ambientales, hídricos y paisajísticos del crecimiento que hace una década no se discutían. Y es sólo un ejemplo.