Salud. Dieta antiinflamatoria: por qué pan integral y yogur sí, y leche entera y pan blanco no
Una especialista explicó qué lugar ocupan el pan y los lácteos en la dieta antiinflamatoria y aclaró que no es necesario eliminarlos, sino elegir mejor cuáles consumir.
La dieta antiinflamatoria gana terreno como estrategia para prevenir enfermedades crónicas y mejorar el bienestar general. Pero una de las dudas más frecuentes es si hay que dejar el pan, el gluten o los lácteos.
Según la doctora en Alimentación y Nutrición Laura Isabel Arranz, no se trata de prohibir, sino de seleccionar con criterio.
En diálogo con Europa Press Salud Infosalus, la especialista sostuvo que este patrón alimentario es “adecuado para todos”, incluso para personas sanas que buscan prevenir patologías a largo plazo.
“La dieta antiinflamatoria en el largo plazo ayuda a prevenir enfermedades. Es buena tanto para quienes ya tienen una patología crónica como para quienes están sanos y quieren potenciar su bienestar”, afirmó.
Qué es la dieta antiinflamatoria y por qué se recomienda
La inflamación crónica de bajo grado está vinculada a enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos digestivos y patologías autoinmunes. En un contexto de estrés, sedentarismo y alto consumo de ultraprocesados, los especialistas advierten que el entorno actual favorece estos procesos.
La evidencia científica señala que la dieta antiinflamatoria no es un esquema restrictivo, sino un patrón basado en vegetales, grasas saludables y hábitos de vida equilibrados. El modelo de referencia es la dieta mediterránea.
Arranz remarcó que la base debe ser una alta presencia de frutas y verduras, preferentemente de temporada, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra.
Omega-3 y antioxidantes, los pilares
Uno de los ejes centrales son los antioxidantes, presentes en alimentos vegetales, que ayudan a reducir el estrés oxidativo celular.
El otro componente clave son los ácidos grasos omega-3, fundamentales para que el organismo produzca sustancias antiinflamatorias. Se encuentran principalmente en pescados azules y en semillas como lino, chía o cáñamo, además de las nueces.
“La forma más directa de ayudar al cuerpo a generar sustancias antiinflamatorias es a través del consumo adecuado de omega-3”, explicó la especialista.
También influyen otros factores, como la microbiota intestinal, la actividad física regular, el descanso adecuado y la gestión del estrés.

Pan y gluten: cuál elegir
En relación con el pan, Arranz descartó la necesidad de eliminarlo salvo en casos de intolerancia.
“El pan debería ser siempre integral. Así se reduce el impacto metabólico sobre la glucosa y se evita favorecer procesos inflamatorios”, señaló.
Además, recomendó que tenga fermentación larga, idealmente con masa madre, porque ese proceso mejora la digestibilidad.
En cambio, el pan blanco o refinado, elaborado con harinas procesadas y fermentaciones cortas, puede generar picos de glucosa que contribuyen a la inflamación.
Lácteos: cuáles sí y cuáles limitar
En cuanto a los lácteos, la clave está en el tipo y la cantidad. La leche entera y los quesos más grasos no forman parte habitual de una dieta antiinflamatoria debido a su contenido de grasas saturadas.
Sí tienen lugar los lácteos fermentados, como el yogur y el kéfir, que aportan probióticos beneficiosos para la microbiota y contienen menos grasa.
Los quesos bajos en grasa pueden incluirse de manera ocasional, por ejemplo en ensaladas o preparaciones con verduras.
“No se trata de eliminarlos totalmente ni de ingerirlos sin límite”, aclaró.
La dieta antiinflamatoria
- Prioriza alimentos frescos, integrales y mínimamente procesados.
- Reduce azúcares añadidos, carnes rojas en exceso y ultraprocesados.
- El objetivo es sostener un patrón equilibrado en el tiempo, más que aplicar restricciones extremas.




