El día que hagamos paro a la uruguaya
No figura en ningún lado, pero la noria debe ser un invento argentino. Rosa Bertino.
No figura en ningún lado, pero la noria debe ser un invento argentino. No debe haber otro pueblo tan afecto a dar vueltas y vueltas y vueltas. O tan propenso a usar idénticos procedimientos, esperando que le den resultados distintos. Nuestra tendencia a la reiteración es patológica. Con razón ningún partido político nos quiere agarrar. Hacen ojitos y mandan mensajitos, pero... minga de armar un proyecto. En este contexto, noviembre es de manual. Sube la temperatura y se corta la luz: el calor y la mufa tienen la consistencia de un ladrillo. Pues es el mes que las editoriales eligen para agasajar a la farándula; los sindicatos combativos, para hacer un paro a lo bestia; los gordos, para asomarse al balcón en calzoncillos; los adolescentes, para deschabar que se llevan hasta recreo, y los yuyos, para acumular larvas suficientes como para desatar una guerra biológica.Un cliché sostiene que este país es "cíclico". "Aquellos (pueblos) que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo", aseguraba el filósofo conservador Jorge Agustín Santayana (1863-1952). Era tan (norte) americanista, don Santayana, que descolló y murió llamándose George. Hoy haría falta modificar un poco ese refrán. No basta con recordar el pasado: también hay que aprender de él. A esta altura del almanaque, todo parece a punto de reventar. Pero luego sobreviene el receso de diciembre-marzo. Como sea, va siendo hora de que fijemos un armisticio para la pretemporada, cuando todavía estamos obligados a vernos y aguantarnos. Ciertas actividades deberían regirse por un manual de estilo. Por ejemplo, las fiestas de la farándula porteña en el Alvear. Nuestro star system deja mucho que desear desde que Tinelli lleva la batuta. Las mujeres se visten como bailarinas de caño, aun las que están como para abrazar un oleoducto. ¿Han visto las fotos de Carmen Barbieri y Moria Casán? Modelo charrúa. En lo cotidiano, habría que imponer una veda en el uso varonil de shorts y ropa interior. En una siesta de 38 grados, cuando uno se encuentra al jubilado de enfrente vistiendo sólo boxers y una regadera, dan ganas de pedir asilo a los mormones. Pero pocas cosas nos ponen tan mal como las huelgas salvajes. La del martes nos obligó a huir del centro entre bombas y amenazas, correr a sacar los chicos del colegio y buscar con desesperación un transporte que nos llevara de vuelta a casa.Dos días después, más precisamente anteayer, los uruguayos hicieron un paro nacional de cuatro horas por mejor distribución de la riqueza y mejor calidad de vida. ¡Cuatro horas! "El transporte adhirió sin interrumpir la prestación y la banca paró sin afectar la atención del público, porque trabaja en horario vespertino", consignaron los medios locales. ¿No es toda una lección?

