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Desde la lengua también: #NiUnaMenos

El lenguaje es el vehículo del pensamiento, nos permite comunicarnos. Pero no es inocente: transmite estereotipos, conocimientos, valores, prejuicios, ideologías. Es un elemento con el que los seres humanos construimos la realidad.

25 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Desde la lengua también: #NiUnaMenos
Miércoles negro. En la Redacción de La Voz. (Sergio Cejas / Archivo)

El miércoles pasado, en Córdoba y en otros puntos del país gritamos #NiUnaMenos, para reclamar otra vez por el cese de la violencia contra la mujer. Por eso, desde este espacio, vamos a revisar qué hace la lengua respecto de las cuestiones de género. El lenguaje es el vehículo del pensamiento, nos permite comunicarnos. Pero no es inocente: transmite estereotipos, conocimientos, valores, prejuicios, ideologías. Es un elemento con el que los seres humanos construimos la realidad.Y es bueno admitir que este es un modo más (entre todos los que existen) de invisibilizar a la mujer. La cosmovisión androcentrista elaboró una forma de nombrar el mundo a partir de un masculino genérico. Existe un convencimiento de que el género masculino tiene un valor universal y de que el femenino se refiere a lo específico.Podíamos leer en un texto que narraba la llegada de los colonizadores a América. "Todo el pueblo bajó hacia el río a recibirles, quedándose en la aldea sólo las mujeres y los niños". En este relato de los conquistadores, cabe preguntarse: ¿quiénes bajaron? ¿Los hombres con las niñas? Sexismo lingüístico Con naturalidad empleamos expresiones que dejan afuera a la mujer o que la menosprecian. Un ejemplo son los vacíos léxicos (palabras que no tienen su correlato en el otro género). Están los términos "mujeriego" (aficionado a las mujeres) o "donjuán" (seductor de mujeres) que no tienen su modo agradable para llamar a las mujeres que encantan a muchos hombres.Otro caso, por nombrar sólo un par, es el de aquellos vocablos que tienen diferentes significados, según sean expresados en su forma masculina o femenina: "zorro" (hombre muy astuto) y "zorra" (prostituta). Y todo según la Real Academia Española (RAE).Es necesario recordar que la lengua dispone de múltiples recursos que nos posibilitan producir mensajes variados, no repetitivos, precisos y no sesgados, sin renunciar a la estética y a la economía del lenguaje, pero sobre todo sin caer en expresiones sexistas. Son ejemplos la utilización de nombres colectivos (las víctimas, las personas, la gente); de términos abstractos (la dirección, la legislación); de la forma impersonal en tercera persona con "se" (se vivía, se considera).Recordemos: la lengua no es sexista, sino el uso que de ella se hace.