Cerebro. Qué descubrió la ciencia sobre la risa: por qué no toda la alegría es real

Reírse de un chiste hasta las lágrimas y sonreír por cortesía en una reunión parecen gestos similares. Pero la ciencia acaba de demostrar que el cerebro los procesa de manera diferente.

24 de junio de 2026 a las 11:14 a. m.
Qué descubrió la ciencia sobre la risa: por qué no toda la alegría es real
Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro.

Un estudio realizado por investigadores del University College de Londres y del Consejo Nacional de Investigación de Italia identificó dos circuitos neuronales distintos responsables de la risa humana.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Trends in Neurosciences y aportan nuevas pistas sobre cómo funcionan las emociones y las relaciones sociales.

La investigación concluye que existe una diferencia biológica entre la risa espontánea, asociada a la alegría genuina, y la risa voluntaria, que suele aparecer en conversaciones cotidianas o situaciones sociales.

Dos tipos de risa que nacen en lugares distintos del cerebro

Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro.
Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro. (Unsplash)

Los científicos analizaron datos obtenidos durante procedimientos médicos en pacientes con epilepsia que permanecían despiertos mientras se estimulaban determinadas regiones cerebrales.

Durante esas intervenciones, la estimulación eléctrica provocó episodios involuntarios de risa, permitiendo identificar qué áreas del cerebro participan en cada respuesta.

Según los investigadores, la llamada risa espontánea surge en regiones vinculadas con las emociones y el sistema de recompensa cerebral.

Entre ellas aparecen la corteza cingulada anterior, el núcleo accumbens y el polo temporal. Cuando estas áreas se activan, la risa suele estar acompañada por sensaciones de alegría, bienestar o euforia.

La risa social funciona de otra manera

Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro.
Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro. (Unsplash)

El segundo circuito identificado corresponde a la risa voluntaria, la que las personas utilizan durante conversaciones, encuentros sociales o situaciones de cortesía.

En estos casos participan regiones relacionadas con el control motor y con las mismas estructuras que intervienen en el habla.

Los investigadores observaron que esta forma de reír puede producirse incluso sin emociones positivas intensas.

Por eso explican que no toda sonrisa o carcajada refleja necesariamente felicidad genuina.

"Es la risa más común en la vida diaria. Está sincronizada con precisión durante las conversaciones y forma parte de la comunicación social", explicó la neurocientífica Sophie Scott, una de las autoras del trabajo.

Qué relación tiene con el dolor y algunas enfermedades

Los hallazgos también podrían tener implicancias médicas.

Los especialistas destacan que algunas enfermedades neurológicas y psiquiátricas alteran los mecanismos de la risa, entre ellas la enfermedad de Alzheimer, ciertos trastornos convulsivos, la esquizofrenia y algunas patologías del estado de ánimo.

Además, la investigación refuerza evidencias previas que indican que la risa puede funcionar como un analgésico natural.

La corteza cingulada anterior, una de las regiones identificadas en el circuito de la risa espontánea, participa también en los mecanismos cerebrales que ayudan a modular la percepción del dolor.

Un comportamiento humano con raíces evolutivas

Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro.
Un experimento a cerebro abierto descubrió la risa "falsa" que llevamos dentro. (Unsplash)

Los autores sostienen que la risa espontánea podría ser una conducta mucho más antigua desde el punto de vista evolutivo.

De hecho, investigaciones recientes detectaron vocalizaciones similares a la risa en diversas especies de mamíferos durante actividades de juego y socialización.

Según esta hipótesis, estas señales habrían servido para reducir la agresividad y fortalecer vínculos dentro de los grupos.

La risa voluntaria, en cambio, habría evolucionado posteriormente junto con el desarrollo del lenguaje humano y la comunicación social compleja.

Aunque todavía quedan preguntas por responder, el estudio aporta una conclusión clara: el cerebro distingue entre la alegría auténtica y la risa que utilizamos para relacionarnos con los demás.

Y esa diferencia, hasta ahora invisible, podría ayudar a comprender mejor cómo funcionan nuestras emociones, nuestras relaciones y hasta la forma en que enfrentamos el dolor.