Turismo en Córdoba. La Cumbrecita, a 30 años del "invento" del primer pueblo peatonal del país
En 1996, cuando la ruta asfaltada aún no llegaba al pueblo de montaña cordobés, ya había días en que los vehículos de los visitantes desbordaban sus pequeñas calles. Asi nació la idea, que le da identidad y que sigue más vigente que nunca ante la alta afluencia turística que recibe.
En julio de 1996, cuando todavía los caminos de acceso eran de tierra y la afluencia de turistas mucho menor a la actual, La Cumbrecita decidió restringir el ingreso vehicular a su trazado urbano. Se transformó así en el primer pueblo peatonal del país. Y esa condición pasó a formar parte de su identidad,
Los pobladores visualizaron que era necesario preservar la localidad y acompañaron, casi de forma unánime, el proyecto que le dio un rótulo de fama internacional. Por sus particularidades y belleza, se transformó en uno de los destinos más icónicos y exitosos de Córdoba.
A tres décadas de esa decisión, reconstruimos la singular historia.

El primer jefe comunal, impulsor del pueblo peatonal
Ismael Giménez (65) fue el primer jefe comunal de La Cumbrecita. En su gestión, se transformó en pueblo peatonal, cuando apenas sumaba 300 habitantes.
En su relato, rescata la figura de Carlos Valenta, un pionero austríaco que ya había anticipado que había que impulsar cambios ya que, en algunos momentos, la pequeña comunidad se sentía “invadida” y desbordada por los vehículos en sus pocas calles angostas y de montaña.
Semana Santa de 1996 dejó una marca. “Se concentraba mucho público y generaba una saturación de gente y de vehículos, era un caos”, apunta ahora.
Evoca una especie de “alineación planetaria”: las autoridades del momento habían identificado el problema, llegó al pueblo un joven técnico en turismo que propuso una solución y un abogado que les construyó el marco legal. Y en tres meses, estaban inaugurando el "pueblo peatonal".
“Nos permitimos invitar a la sociedad a que participe, durante tres meses hubo numerosas reuniones, y las comunidades centroeuropeas y criollas se expresaran y manifestaran, hubo participación, tolerancia y escucha”, valoró Giménez, asegurando que el proceso estuvo exento de “contaminación partidaria” y resultó una práctica de “democracia pura”.
Una ley provincial había declarado a La Cumbrecita como reserva de usos múltiples, y eso reforzó la resolución que originó al pueblo peatonal.

Giménez aclaró que en realidad se trata de un pueblo de “tránsito restringido” más que estrictamente peatonal, pero que la “etiqueta” los catapultó a ser noticia mundial, en tiempos sin redes sociales.
Si bien la mayor cantidad de vehículos no ingresan a la localidad, si lo pueden hacer los de los propios habitantes y los de turistas que acrediten alojamiento contratado. Por la propia traza sinuosa, lo hacen a muy baja velocidad.
Retirado de la escena política desde el 2000, Giménez sugirió que el proyecto debería revisarse. “Sufrió un desgaste y estancamiento, y no ha sido mejorado. Se convirtió en la administración de una playa de estacionamiento que genera muchos recursos, pero no se refleja contundentemente en mejoras para el visitante”,opinó.
El que llegó en el lugar y el momento indicados
Hace tres décadas, Pablo Sgubini, un joven técnico en Turismo de 23 años, preparó su mochila y su carpa para viajar con su novia a La Cumbrecita, a pasar unos días de vacaciones. Nunca imaginó lo que vendría después. Oriundos de Morón (Buenos Aires) armaron su carpa junto al río, en plena Semana Santa.
Pablo. hoy de 53 años, recuerda que el pueblo, ese fin de semana “experimentó un colapso, los vehículos que venían por turismo y los pobladores, hicieron que las angostas calles del lugar sufrieran un embotellamiento sin precedentes”.

Cuenta que, en charlas con lugareños que advertían la problemática, fue diseñando la idea de un pueblo peatonal, con un “estacionamiento que podía ser rentado para generar ingresos y fuentes de trabajo, y cuidar el patrimonio cultural y natural”.
“Hubo varios golpes de suerte”, reconoce Sgubini, en el proceso que se dio en apenas unos meses. Por ejemplo, cuando se volvían “a dedo” hasta Villa General Belgrano, para tomar el colectivo de regreso a Buenos Aires, quien detuvo su auto para llevarlos fue el jefe comunal, Ismael Giménez. Aprovechó esos minutos para contarle el proyecto. El funcionario lo invitó a presentarlo formalmente.
En tres meses, el pueblo peatonal estaba en marcha. “Aunque no se hablaba de sostenibilidad en esos términos, el proyecto lo contemplaba”, recuerda Sgubini, ya que también proponía cuidar los recursos y la recolección de residuos, entre otras acciones. Con el dinero recaudado por estacionamiento se proponía un presupuesto participativo para que los vecinos pudieran decidir en qué reinvertirlo. Uno de los logros fue contribuir con esos recursos al funcionamiento del único colegio secundario.

Otra anécdota que cuenta, es que un día, de un helicóptero descendió el empresario farmacéutico Alejandro Roemmers (con propiedades en la región) a comprar empanadas de frambuesa. Al contarle la iniciativa, consiguió apoyo económico para adquirir los autos eléctricos (tipo carritos de golf) y poder trasladar a la gente que no pudiera recorrer el pueblo de a pie. Luego, consiguió dos más donados por la empresa Quilmes.
Consideró clave, para el éxito del proyecto, la participación de los vecinos que se fueron sumando en más de 20 reuniones. En la última, recuerda, 73 familias asistieron y votaron a mano alzada el apoyo al proyecto.
“La Cumbrecita recuperó su esencia, lo que parecía ser una prueba piloto en la temporada de invierno de 1996, lleva 30 años de vigencia ininterrumpida”, agregó. Pero también sugirió ahora una revisión de los objetivos del proyecto.
La actual jefa comunal
Silvana Torres (43), actual jefa comunal, integra la generación que creció con La Cumbrecita convertida en peatonal y que tienen naturalizada esta modalidad.

Ya sería imposible no sostenerla. Días atrás, por ejemplo, la nieve generó uno de esos momentos de fuerte afluencia y unos 2.500 vehículos llegaron, entre sábado y domingo. Debieron sugerir por redes y medios que la gente buscara otro destino y regresara otro día.
Seria imposible imaginar que un dia hasta de mediana concurrencia circularan por el pueblo todos los autos que llegan. “Si o si se tenía que hacer algo”, señala Torres.
"Yo crecí con el pueblo peatonal, para nosotros siempre fue muy natural y una manera de preservar el lugar; la gente antes se llevaba las plantas, las piedras, los helechos, las flores, lo que encontraba”; recuerda.
El proyecto está más vigente que nunca, ya que con la ruta asfaltada el destino se popularizó aún más.
Torres contó que reciben consultas de muchas localidades del país, con intenciones de replicar el proyecto. Una de ellas fue Purmamarca, en Jujuy, que hasta ahora no logró cristalizarlo. También La Carolina, en San Luis, que lo aplica en días de alta afluencia turística.

Cuanto hay que pagar por estacionar
El estacionamiento tarifado tiene un valor hoy, por día, de 18 mil pesos por automóvil a turistas y de 10 mil para visitantes del Valle de Calamuchita.
En la comuna aseguran que los ingresos contribuyen a sostener el esquema que funciona los 365 días del año, con 30 personas empleadas, sanitarios públicos y otras herramientas, además de destinar recursos a sostener el dispensario ante la masiva afluencia de visitantes, y el resto se destina a acciones del turismo.
Ese cobro, o en todo caso el monto, suele generar cuestionamientos de parte de los visitantes. Algunos matices puede que sean reanalizados, pero lo que no tiene marcha atrás es que las calles del pueblo ya no volverán a ser para los autos, salvo excepciones.




