La culpa la tiene el plazo fijo
Es una simplificación extrema, es cierto. Pero si hubiera que buscar un único culpable de por qué la tierra ha triplicado su valor en la última década, el plazo fijo podría ganar el primer puesto. Laura González.
Es una simplificación extrema, es cierto. Pero si hubiera que buscar un único culpable de por qué la tierra ha triplicado su valor en la última década, el plazo fijo podría ganar el primer puesto. Veamos cuál es la causa. Desde la crisis del corralito en 2001 y la devaluación del peso, la construcción fue el motor inicial de la actividad económica. Sucede siempre en períodos de crecimiento, pero en el país se aceleró por la aversión extrema que provocaba entonces dejar los ahorros en los bancos. Mejora del tipo de cambio, precios récord de los granos en el mundo, aumento del volumen cosechado (pasó de 45 millones de toneladas a casi 100 millones, de los cuales la mitad es soja) generaron un enorme ahorro excedente que apuntó básicamente al ladrillo. El valor promedio de la soja en la década de 1990 fue de 250 pesos/dólares. Entre 1999 y 2006, el precio estuvo por debajo de 200 dólares, los que después de la devaluación se multiplicaron por tres. Hoy, la soja ronda los 500 dólares, con una retención fiscal del 35 por ciento. Pero no sólo fue el campo el que movilizó la construcción: también la industria, el comercio, algunos profesionales. Son los llamados inversionistas, que arman un fideicomiso, venden buena parte de los departamentos en "pozo" y con eso apuntalan el inicio de la construcción. Todo lo que se construyó se vendió, con una rentabilidad mayor al 20 por ciento anual, en dólares. ¿Consecuencia? Los precios se duplicaron. El metro cuadrado en barrio Nueva Córdoba de la capital provincial cotiza 212 por ciento más que hace siete años. A los sucesivos gobiernos y concejos deliberantes de la ciudad de Córdoba y quizá a los de algunas localidades del interior, semejante fenómeno los sorprendió. Como toda modificación de las normas de construcción era tildada de pro capitalista, se dejó todo como estaba o, en algunos casos, se prohibió. ¿Qué pasó? Ese excedente de capital fue adonde la norma lo permitía: torres y más torres en Nueva Córdoba y otros barrios que siguen sus pasos y countries y barrios cerrados hacia la periferia. La ciudad se expandió hacia los bordes, desintegrándola de los espacios públicos y subdividiendo a su población aun más en clases según su ingreso. No hubo incentivos para construir allí donde la ciudad necesitara respuestas para los segmentos medios, por ejemplo. Los excedentes de capital estuvieron y seguirán estando. El ahorro bancario sigue sin seducir, ya no por temor a un corralito, sino porque rinde 11 por ciento al año. Sin ahorro, no habrá chance de dar crédito a largo plazo y seguirá siendo difícil para un trabajador comprar su terreno o hacer su casa. Los que tienen plata seguirán apostando a los ladrillos y los inmuebles estarán cada vez más caros.

