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El cuestionable encanto de la popularidad

Nadie puede asegurar que popularidad sea sinónimo de idoneidad y liderazgo. Rosa Bertino.

13 de julio de 2013 a las 02:00 p. m.
El cuestionable encanto de la popularidad

Me invadió una duda atroz y quise saber si mi nieto está entre los "populares" del grado. O si estos lo invitan para sus cumpleaños. El nene no parecía muy preocupado. "Mirá, abuela, es mejor estar entre los no populares, porque son muchos más y se rompen por hacer fiestas más lindas", fue la respuesta. Me convenció. Parece que, en concreto, los "populares" son sólo ocho (sobre 32): cuatro chicas y cuatro chicos. Los varones no lo serían tanto por la facha o las notas, sino por ser cancheros y portadores de información necesaria. Este sigue siendo el atributo más requerido por todas las sociedades. Por ejemplo, no alcanza con tener play station y tablet , entre otras. Hay que saber explotarlos al máximo. Las humanas debilidades son el plato preferido de la televisión. No es novedad. Pero tampoco implica que la tira adolescente Patito feo haya consolidado la puja entre banditas escolares. Eso existió siempre. ¿Quién no tuvo compañeros más seductores que otros? Salvo excepciones, todos queríamos pertenecer a ese grupo. La diferencia estriba en que antes, cuando no se hablaba de discriminación, estaba pésimo discriminar. Ahora se habla todo el tiempo... y se discrimina todo el tiempo. Sin embargo, la cuestión no pasa por ahí. El punto es que hoy no sabríamos decir si aquellos exitosos triunfaron en lo suyo. En otras palabras, nadie puede asegurar que popularidad sea sinónimo de idoneidad y liderazgo. Culpa de los medios, la vida y nosotros mismos, la popularidad se cotiza en bolsa. Por cierto, no es lo mismo el éxito de un colegial que el de un adulto. Se supone que este tuvo que trabajar bastante para lograrlo. No cualquiera es conocido y querido por la gente. Pero este argumento no alcanza para que la población elija a alguien por la cara, por la voz, por sus hazañas deportivas o porque "es famoso". Formarse. La cosa pública requiere formación y voluntad puntuales. En cambio, a cada rato vemos que los políticos quieren mejorar su performance trayendo gente de otros ámbitos. Esta tendencia arrancó hace más de una década y sigue sin dar resultados netamente positivos. Por ejemplo, ¿alguien sabe qué fue de la vida de Eduardo Lorenzo, "Borocotó"? Después de su traspié en el Congreso, ¿habrá vuelto a la cirugía? En televisión, no se lo vio más. No todos los famosos devenidos legisladores han sido tan entrecomillados como "Borocotó", pero aún así no podemos precisar qué labor cumplieron o cumplen "Nito" Artaza, Luis Brandoni, "Nacha" Guevara, Arturo Miguel Heredia, Héctor "Pichi" Campana o Miguel Del Sel. O qué aportó Fabio "la Mole" Moli cuando estuvo en Deportes del municipio. Pero alguna vez daremos vuelta la página y una cocinera del Paicor, un empleado de Rentas o un director de Espacios Verdes serán tan reconocidos como para aspirar a una banca o gobernación.