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Cuando los reclamos de los vecinos caen en saco roto

El proceso que lleva a interponer un reclamo social supone un largo ­camino de esfuerzos. 

19 de febrero de 2014 a las 02:16 p. m.
Cuando los reclamos de los vecinos caen en saco roto

Efectuar un reclamo colectivo puede ser bastante más difícil de lo que parece, sobre todo si lo debe resolver el municipio. Los resultados no siempre se consiguen y, si se obtienen, a veces ocurren más tarde de lo ansiado. Y pueden no ­dejar conformes a quienes canalizan las quejas. La mayoría de los reclamos colectivos tiene una causa común, que afecta a varias personas. Un caso frecuente son los ruidos molestos ocasionados por terceros. "Es una tortura insoportable para nuestros tímpanos", dicen vecinos del complejo Santo Domingo que vienen reclamando a la Municipalidad de Córdoba –hasta ahora sin suerte– por las molestias que les genera la música a elevado volumen de un boliche cercano, en horas de la madrugada, y que les impide conciliar el sueño. Esta gente optó por agruparse, juntar firmas y reclamar en conjunto, con el sello del consorcio.Semanas atrás, también canalizaron quejas individuales por la misma situación y, en los últimos años, también habían presentado reclamos contra dos espacios populares próximos donde se realizan espectáculos musicales. Pero el proceso que lleva a interponer un reclamo social ante autoridades de gobierno supone un largo camino que arranca en discusiones entre los propios vecinos para ponerse de acuerdo en la estrategia a seguir, reuniones periódicas que quitan tiempo (de trabajo, estudio u ocio), elaboración de documentos validados con la mayor cantidad posible de firmas de vecinos, envío de delegados, esperas en oficinas de atención al público, gastos de trámites, llamados telefónicos, presentación de pruebas (por caso, mediciones de ruidos en horas nocturnas) y un sinfín de cosas más. El caso de los vecinos del complejo Santo Domingo atestigua que, pese al esfuerzo del trabajo en grupo, no es nada fácil conseguir soluciones oficiales a pedidos que sólo apuntan a tener una mejor calidad de vida, a una sana convivencia ciudadana y, aunque suene increíble, a poder dormir. Estos vecinos llevan meses reclamando al municipio, padecen un fuerte estrés y aún esperan el milagro de que la música no les taladre sus oídos en las madrugadas.