Temas del día:

Cuando el placer de leer también cura

Voluntarios de la fundación Semillas del Corazón acercan el mundo de los cuentos a los pacientitos del Hospital Pediátrico.

27 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Cuando el placer de leer también cura

Celeste (5) subió las escaleras de la ex Casa Cuna barriendo con su mira cada uno de los escalones. Acababa de escuchar que, una vez, un apuesto príncipe encontró un zapato de cristal en uno de los peldaños de mármol del ingreso al palacio y que gracias a él descubrió que la bella joven que había atravesado su corazón la noche anterior era, en realidad, una humilde huerfanita a quienes todos llamaban Cenicienta. Es que andaba siempre con el vestido cubierto de cenizas porque se encargaba de encender y alimentar el fuego de la chimenea en la casa de su malvada madrastra. El heredero de la Corona y la muchacha terminaron casándose en una boda de película.

Kevin (5) exageraba con ademanes ampulosos la fealdad de un ogro imaginario que tenía la cola sucia y las uñas largas y curvas como garfios.

Lautaro (7) sonreía sin pestañear con la oreja pegada a un extremo del tubo de cartón por el que le llegaba, tibio, el susurro de la "seño" Guillermina. Mientras escuchaba con atención, imaginaba cómo haría para jugar a la pelota con aquel niño que tenía el tamaño del dedo gordo y por el que lo habían bautizado Pulgarcito.

Celeste, Kevin, Lautaro y una docena más de niños participaban con entusiasmo, en el patio del Hospital Pediátrico del Niño Jesús, en las actividades que les proponían Guillermina Lerussi, Melania Corso, Ana Villagra y Rodolfo Diorio, voluntarios de la Fundación Semillas del Corazón. Esta entidad desarrolla allí, desde hace dos años y medio, el proyecto "Libros como alas: la experiencia de leer desde la cama".

Oportunidad para conocer. "El tiempo de enfermedad puede ser una oportunidad para conocer cosas nuevas, maravillarse, descubrir el mundo y la magia de los cuentos", dijo Susana Guzmán, presidenta de Semillas del Corazón.

"Lo nuestro es brindar y compartir con los chicos hospitalizados, ambulatorios o en salas de espera, el placer de la lectura de literatura infantil de calidad, promoviendo la expresión de las emociones y la creatividad", agregó la profesora.

De esa manera -entienden-ayudan a crear un ambiente favorable para la recuperación de los pequeños pacientes.

"El niño relaciona lo que escucha o lee con su vida diaria, con las cosas que lo inquietan, con las que le gustan o disgustan y eso le ayuda, a veces, a encontrar salidas a situaciones que aparecen durante la convalecencia", señaló Guzmán.

Para encontrar lo que buscan, los voluntarios utilizan la animación a la lectura, la biblioterapia y la terapia narrativa, entre otras metodologías.

No sólo cuentos. No todo es narración de historias encantadoras con voz expresiva. También hacen representaciones con títeres y marionetas, teatro de sombras, proyectan videos y proponen audiciones de libros sonoros. Junto con los niños, producen música, pintan y escriben. Además, los estimulan para la expresión corporal y comparten con ellos actividades lúdicas y recreativas.

"Lo más lindo de estas vivencias es ver sonreír a los chicos cuando los invitamos a hacer algo que les gusta mucho y cómo disminuye el dolor en las salas de internación cuando interactuamos con ellos", señaló Guillermina Lerussi, estudiante de Trabajo Social.

"La M es un subibaja entre el cielo y el infierno, la O es tan cerrada que asfixia y la R está visiblemente embarazada...", susurra Melania al oído de Abril, que escucha en cuclillas mientras se chupa un dedo. De repente, los chicos se ponen de pie como si tuvieran resortes y rompen filas alborotados. Acaban de invitarlos a pintar y eso es algo que les encanta.