De cortar el césped a asar pollos
El primer carrito se lo compró a una señora que, desesperada por venderlo, le dijo que las ruedas estaban en buen estado.
El primer carrito se lo compró a una señora que, desesperada por venderlo, le dijo que las ruedas estaban en buen estado. "Después de pagarle, me fui contento pero a la cuadra se me salió una y lo tuve que traer a cuestas hasta casa". Su sueño en ese momento era comprar una motito para llevar el carro. "Le troqué a una vecina una moto a cambio de cortarle el pasto en su casa durante un año. En el ambiente de los cartoneros, tener una motito y un carro es ser prestigioso. Aunque en el fondo a nadie le gusta ser cartonero, porque uno es un caballo tirando. Juntaba palos, botellas, chapas, hierros… de todo. Pero después, con la moto, empecé a dedicarme a la jardinería. Pero no me rendía el trabajo, sólo me alcanzaba para comer", señala.Luis también cuenta que un día se puso sus mejores atuendos y se fue a Armando del Río para presupuestar sus servicios como jardinero. "Cuando hablé con el dueño, me preguntó dónde estaba mi auto? Le dije que lo tenía mi socio, pero en realidad las herramientas se las había dejado al guardia de la farmacia de la vuelta para que me las cuidara. Le pasé un presupuesto y comencé a trabajar. Un día me vio con mi carro, me miró de arriba abajo y me dijo: '¿Ésta era su empresa de parquizaciones?' Y le respondí que si le decía la verdad no me iba a tomar. No dijo nada y seguí cortando el pasto", recuerda. El negocio del pollo a las brasas comenzó con un pedido culinario de su esposa. "Un día salí en la moto a buscar un pollo que me pidió, pero no había ni una pollería abierta por todo el barrio porque era lunes. Llegué a los semáforos de avenida Alem despotricando y pensé: el que se ponga una pollería por acá se va a llenar de plata. ¿Y por qué no soy yo? Vi un local que se alquilaba, fui a la inmobiliaria y logré que me dieran cuatro meses de gracia. Tenía 50 pesos", confiesa.

