Justicia. Comienza el juicio contra la mujer acusada de matar a su padre en Almafuerte
La fiscalía valoró los dichos de Jenifer Raimondo asegurando que toda su vida sufrió maltrato y abuso por parte de su progenitor.
Jenifer Raimondo (30), de Almafuerte, estará este lunes en el banquillo de los acusados luego de haber declarado que mató a su padre, Atilio, el 2 de enero del año pasado.
El juicio será por jurados populares y se desarrollará en la Cámara del Crimen de Río Tercero. Fuentes de Tribunales confiaron a La Voz, que se estiman “pocos días de audiencias” para definir el veredicto.
El fiscal de Tribunales de Río Tercero, Alejandro Carballo, imputó inicialmente a la mujer de “homicidio calificado por el vínculo” y ordenó su detención.
Sin embargo, tras el paso de numerosos testigos, de la suma de pruebas recopiladas y de las pericias psicológicas y psiquiátricas, el fiscal morigeró la imputación a “parricidio en estado de emoción violenta”.
La acusación inicial preveía prisión perpetua en caso de condena. En cambio, la nueva imputación prevé de 10 a 25 años de pena en caso de ser hallada culpable, pero además permite la liberación mientras prosigue la causa judicial.

La Justicia la detuvo luego de que ella ejecutó a su padre de varias puñaladas, con una pequeña navaja. Luego, esperó la llegada de los efectivos policiales al lado del cuerpo, que yacía en la cama. Más tarde salió esposada de la pequeña habitación de una casa sin conexión de energía eléctrica.
No parece un dato menor que fue ella quien imploró que llamaran a una ambulancia y a la Policía para terminar confesando como lo hizo.
Ambos vivían en un mismo campo, pero en casas diferentes, a una distancia de unos 150 metros, en la zona este de Almafuerte. Una región rural donde abundan cortaderos de ladrillos y casas precarias.
Ambos vivían a la vera del camino de ripio conocido como Alma Negra, que une a esa ciudad con su vecina Río Tercero, en un recorrido paralelo al de la autovía ruta 6.
Una vida de sufrimiento
A los 13 días de detenida, varios peritos coincidieron en que las puñaladas que resultaron mortales podrían tener relación con toda una vida de sufrimiento padecida por Jenifer. Finalmente, la mujer recuperó la libertad.
Se espera que a lo largo del juicio pueda declarar la acusada. En el expediente judicial surge que tras la agresión con las puñaladas sobre el cuerpo de Atilio, la mujer confesó a su entorno íntimo: “Lo apuñalé a mi papá, me cansó”.

Con más detalles en la causa hay testimonios que trasladan los dichos de Jenifer antes y después del trágico hecho: “Estaba acostado mirando hacia la ventana, de costado. De espalda al ingreso de la habitación. Con la parte derecha hacía arriba. Le dije ‘me cansaste’ y él levanta la cabeza como para mirarme y le di la primera puñalada en el costado derecho, en las costillas”.
La mujer relató que ese calvario de sometimiento y requerimiento sexual, como el de aquella noche, lo padeció durante más de dos décadas. “Le dije que no, que me tenía cansada, que me dejara tranquila”, aseguró.
Más tarde sobrevino la pelea. “Luego de las puñaladas me dijo que lo perdonara”, comentó la sospechada, siempre según el expediente.
Contexto
Probablemente se ventile en el juicio la intimidad de la acusada y hasta detalles de los presuntos abusos crónicos que afirma haber padecido por parte de su padre.
No se descarta que en el debate surja el análisis de las pruebas de una presunta violencia de género si se avanza en la hipótesis de “legítima defensa”, para revelar si la mujer vivía o no en un peligro constante.
En ese sentido, en la causa consta que Jenifer sostuvo: “Cuando tenía como 12 o 13 años, empecé con la menstruación y él me empezó a dar pastillas (anticonceptivas) y ahí empezó a abusarme sexualmente”.
Otro detalle no menor que se debatirá es si no hubo denuncias previas o qué ocurrió con la escolaridad de la acusada, que habría concurrido sólo hasta tercer grado. Se avanzaría en indagar si alguna docente no habría advertido ese presunto tormento que vivía la niña.
El expediente judicial abunda en pruebas de un “extenso círculo de violencia que habría terminado por desbordar y exaltar el estado emocional” de la mujer.
Se desprende de la pesquisa que a Jenifer la abrazó la desolación y la angustia durante su infancia y adolescencia. Fueron nueve puñaladas con las que dio muerte a su padre. Todo con una navaja.
Según la defensa de Jenifer, “sufre del síndrome de indefensión aprendida”. Para su defensor, Carlos Pajtman, “a Jenifer la mataron hace varios años, y ella quería salir de ese infierno”.




