Con Internet, no hay secreto que valga
Todo vuelve, con un envoltorio diferente. Gracias a Internet, el chisme se renovó a la enésima potencia. Rosa Bertino.
Los nuevos conceptos barriales, con urbanizaciones donde las despensitas dejaron de existir o con edificios donde para conocerse hay que coincidir en el ascensor o paseando al perro, amenazaron con erradicar ese gran atributo vecinal que es el chisme. Éste quedó relegado a círculos laborales y académicos, tan proclives a rumores y romances. Sólo ahí se puede saber a quién le están serruchando el piso o quién se acuesta con la pareja de quién. En los barrios tradicionales, la gente espía para ver si no la están por asaltar, antes que para conocer horarios y tendencias del vecino de enfrente. Es una pena porque, como decían grandes pensadores cuyos nombres en este momento no podemos recordar, el cotilleo es la sal de la vida. El auténtico, ese que involucra a gente conocida o que a uno le importa, y no la basura inventada por televisión. ¿Hay algo que exude más adrenalina que cuando a uno le dicen "no sabés lo que me enteré, pero jurame que no se lo vas a contar a nadie"?… Todo vuelve. Está visto que nada cambia. Todo vuelve, con un envoltorio distinto. Gracias a Internet, el chisme se renovó a la enésima potencia. Se puede inferir que el público sigue teniendo olfato para una buena habladuría. Por ejemplo, ayer trascendieron "documentos reservados" de la Casa Blanca estadounidense. En la calle no se hablaba de otra cosa, desechando un nuevo y burdo intento de Ricardo Fort por llamar la atención. Uno de los informes secretos pone en duda "la salud mental" de la presidenta Cristina Fernández. No se adjunta certificado de autoridad competente. Sólo destaca "la preocupación" del gobierno de EEUU al respecto. Parece que también les preocupa que el libio Muhammad Khadafi use tanto bótox (¿se le irá a la cabeza?) y que a Angela Merkel le digan la "dama de teflón" (está bueno, el chiste). Filtraciones. Algo huele raro. Las revelaciones se hicieron a través de Wikileaks (leaks = filtraciones; wiki es un término hawaiano que significa "rápido"). Ese portal tuvo un ascenso meteórico… y puede caer de la misma forma. Su creador es el australiano Julian Assange, radicado en Suecia y hoy prófugo de la Justicia, acusado de estupro y violación. Meses atrás, Wikileaks denunció hechos aberrantes en Afganistán e Irak, perpetrados por fuerzas norteamericanas. Sobrevino el escándalo. Luego comenzó el descrédito de Assange. Hoy no se sabe si se dedica a la información sofisticada, al espionaje tipo James Bond o al chisme vulgar. Menos sabemos cuánto hay de cierto y confiable en la información que se recibe a través de un medio tan enorme e inasible como Internet. De lo único que podemos estar medianamente seguros es de que alguien nos está mirando. Por las dudas, no se despeine ni haga gestos raros. Hay que salir lindo, y cuerdo, por YouTube.

