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In comunicados

Apelar al “muy bien” es una forma de blindarse y evitar que la conversación se extienda.

27 de agosto de 2012 a las 12:06 a. m.
Redacción La Voz
In comunicados

–Hola, ¿cómo andás?–Muy bien, ¿y vos?–Muy bien.Este el clásico intercambio de palabras dichas al pasar entre dos personas que se conocen, pero no tanto como para entablar un diálogo más fructífero. En realidad, a ninguno de estos ocasionales interlocutores le importa el estado del otro. Entonces, apelar al "muy bien" es una forma de blindarse y evitar que la conversación se extienda más allá de unos pocos instantes."Si uno está 'bien', no hay cabos sueltos, no hay más nada que preguntar. Es una forma de decir: 'Por favor, seguí caminando, tengo problemas, como todo el mundo, pero no quiero contarte nada de mi vida'", señala Cacho Yerom, el consultor permanente de esta columna, categórico como siempre.Por el contrario, si alguno desliza un "más o menos" o "y... ahí estamos", está dejando una puerta abierta para que el otro ingrese a la conversación. Algo que esa persona en verdad no quiere, pero no tiene más remedio.Tal vez esto tenga que ver con el vertiginoso ritmo de la gran ciudad, donde no hay tiempo para la comunicación, donde todo transcurre a gran velocidad. Cada cual está inmerso en su mundo. "Este fenómeno quizá sea menos frecuente en espacios urbanos más pequeños, porque allí no hay secretos y, si los hay, enseguida se ventilan", aporta Yerom. El humorista y escritor Roberto Fontanarrosa inventó una frase genial para que una de sus creaciones, el gaucho Inodoro Pereyra, saliera del paso cada vez que alguien le preguntaba cómo andaba: "Mal, pero acostumbrau". Incomunicación Entonces, no siempre un intercambio de palabras implica que haya comunicación. "¿Se han preguntado cuántas veces hablamos con el diarero-almacenero-verdulero- sin que efectivamente intercambiemos información? ¿Cuántos recuerdan lo que hablaron con Alfredo, el carnicero, mientras le compraban un kilo de nalga?", cuestiona nuestro consultor estrella. Resulta muy frustrante para aquellos que intentan contar lo que consideran una gran historia y del otro lado sólo reciben una montaña de indiferencia. Muchos fingen atención, intercalando cada tanto la interjección "ajá", pero pasarían apuros si les hicieran una trivia de lo que acaban de escuchar. Este suele ser un reproche muy común de las esposas que sienten que sus maridos no las escuchan o no se interesan por sus asuntos."Sufrimos el síndrome de la pirámide invertida, una clásica estructura del texto periodístico en el que toda la carne se pone en los primeros párrafos. Necesitamos que nos cuenten el final al principio, necesitamos saber ya quién es el asesino de la historia; no tenemos tiempo para esperar", concluye un memorable Cacho Yerom.