Cómo ser niño y “crack” de los números a la vez
Agustín Aliaga estudia matemática avanzada en su casa con un profesor no vidente. De padres cordobeses, vive en Filadelfia y se destaca en las competencias nacionales.
La curiosidad, en algunos niños, los lleva a hacerse preguntas que el mundo adulto no espera de ellos. Movilizados por eso que despierta su interés, aprenden más rápido y se esfuerzan en ser expertos. Es el caso de Agustín Aliaga, que de chiquito jugaba a hacer cálculos matemáticos mientras se bañaba. Cuando ingresó al jardín, ya sabía hacer sumas y restas de dos dígitos. Su rapidez para resolver fórmulas complejas siempre asombró a todos.Ahora con 12 años, Agustín explica con frescura: "Aunque me gusta más la trigonometría, soy mejor para álgebra, y no me resulta tan difícil como la geometría". Sueña con ser ingeniero civil para construir puentes y obras viales en grandes ciudades.Sus padres son cordobeses, economistas egresados de la Universidad Nacional de Córdoba y viajaron a EE.UU. para hacer un doctorado. Su mamá, María Pía Olivero, es egresada distinguida de la Casa de Trejo. Recibió la medalla de oro del Consejo Profesional de Ciencias Económicas y actualmente es profesora en Drexel University (EE.UU.). Su papá, Roger Aliaga, trabaja en The Vanguard Group, el fondo mutuo de inversión con la capitalización más alta del mundo.Cuando nació Agustín, sus papás tenían un ritmo de estudio exigido y los números se volvieron amigables para él. "Nunca me voy olvidar que hacía dormir a Agus moviendo el coche con una mano y tipeando en la laptop con la otra. Era chiquito, miraba nuestras pantallas llenas de fórmulas y decía que los papás de él sabían chino", recuerda con alegría su mamá.

Durante los primeros años en la escuela, las maestras sugerían promover a Agustín a grados superiores, pero sus papás se negaron. Recién a partir de cuarto grado comenzó a participar en cursos y certámenes. Antes de recibir clases particulares que hicieran crecer su pasión por los números, tenía un programa en familia poco común: resolver problemas los días sábados. "Era muy divertido. Sobre todo porque nos peleábamos cuando él y yo llegábamos al mismo resultado, pero por métodos diferentes. Me peleaba diciendo que el método de él era mejor", cuenta su mamá.Actualmente, Agus recibe clases especializadas en su casa de Filadelfia, una vez a la semana. "Mi profesor de matemática es un jubilado ruso que se vino acá porque aquí está su hija. Él es no vidente y viene con su esposa, que me ayuda a comunicarme porque él no puede ver el problema. Me dan de 15 a 20 problemas bastante difíciles para la semana entera", explica Agustín.

El pequeño supera desafíos lejos de las presiones y disfruta otras actividades, como cualquier niño. Lo que más le gusta es jugar al fútbol y al tenis.
Tiene muchos amigos y es muy compañero. “En el cole tenemos veinte minutos después del almuerzo para hacer las tareas. En ese período, muchos chicos me piden ayuda con la tarea de matemáticas y yo les trato de enseñar cómo se hace un problema para que puedan resolver los otros solos”, aclara Agustín.
A través de su colegio, participa en la Pensilvania Mathematics League y siempre es distinguido con el primer premio.
También, participó en el certamen nacional Advanced Mathematical Competition y salió primero entre los chicos de su zona.
Por último, en los exámenes estandarizados que se organizan a nivel nacional en todas las materias, Agustín siempre queda rankeado entre los primeros puestos de los chicos de su edad, a nivel país.
“La gente que me conoce bien está orgullosa de mí. Algunos de mis amigos en la escuela se sorprenden por la forma en que hago los problemas cuando los ayudo. A mí me gusta ayudarlos. Uno de mis amigos siempre me dice: ‘sos una calculadora humana’”, reconoce entre risas Agustín.

