Gesta comunitaria. El comedor solidario de Río Cuarto que creó su sistema de préstamos, con morosidad cero

Fue creado por el matrimonio Estefanía, desde la mayor humildad. Hoy entregan 400 viandas por día, tienen un ropero comunitario y dan préstamos “de palabra”. Su mayor preocupación son las personas con adicciones y la ancianidad desamparada.

24 de marzo de 2026 a las 03:05 p. m.
El comedor solidario de Río Cuarto que creó su sistema de préstamos, con morosidad cero
Río Cuarto. Hogar María Madre de Dios, conducido por Marcelino Estefanía. Allí las colaboradoras cocinan 400 viandas por día, cuantan con una huerta de aromáticas y un ropero para obtener ropa sin cargo.

Corría 1996 cuando Marcelino Estefanía (65) y Norma Ortiz decidieron que su fe necesitaba "ponerse el delantal". Se acercaron a la religión por la comunión de su hija, pero el "llamado" real llegó en las calles de tierra de su barrio, a metros del cauce del río, en Río Cuarto.

Iban a misionar con la imagen de la Virgen, pero se encontraron con nueve niños que no tenían qué comer y un anciano ciego, abandonado, con discapacidad motriz que sólo se abrigaba con sus perros.

Pese a sus escasos recursos, la joven pareja no dudó entonces en transformar su humilde casa en un hogar solidario.

Norma, empleada doméstica, salió con un carrito a pedir vasos, platos, mesas y sillas. En el barrio no había agua potable; solo una canilla pública. Pero ella lograba preparar todos los días un menú distinto.

Marcelino buscaba donaciones y también se encargaba de conseguir turnos médicos, muebles y medicamentos a los más desprotegidos del sector.

Hoy, tres décadas después, el legado de Norma (fallecida hace tres años) sigue en pie.

El comedor María Madre de Dios elabora y entrega viandas a 400 personas y hasta ha creado un sistema de créditos, un “banquito solidario” para todos los que participan en el proyecto social.

En la huerta del hogar comunitario. Marcelino Estefanía, junto a su esposa fallecida Norma, crearon el Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto.
En la huerta del hogar comunitario. Marcelino Estefanía, junto a su esposa fallecida Norma, crearon el Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto. (Tomy Fragueiro)

Norma se fue, pero sigue

“Norma se fue trabajando. Pero la obra sigue. Después que ella faltó, con mis hijas y mujeres que siempre colaboraron con el comedor, armamos equipos de trabajo. Ahora son 46 mujeres que, voluntariamente, se encargan de la cocina, la huerta de aromáticas, el ropero comunitario, el mantenimiento de todo y el reciclaje de artefactos que nos donan”, explica Marcelino.

A metros del moderno puente colgante de Río Cuarto, todos los mediodías se arma una larga fila de personas frente al comedor solidario. Con algunos insumos donados por el municipio y aportes varios, elaboran y entregan, de lunes a viernes, 400 viandas.

El comedor María Madre de Dios impone algunos requisitos a los que reciben su comida o la leche para los niños. Exigen “algunas horas de trabajo solidario en la huerta, que todos envíen a sus hijos al colegio, y que se hagan controles médicos”.

El "banquito" de la confianza

Las mujeres del comedor destacan la creación de un “banquito” solidario para las familias que participan del proyecto.

Marcelino explica que con los artefactos donados que no son necesarios para la obra se hace una tómbola, cada cuatro meses, y con el dinero reunido dan préstamos. Lo curioso es que los mismos beneficiarios ponen la fecha de vencimiento para la devolución del dinero. Y cumplen.

Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto. Allí las colaboradoras cocinan 400 viandas por día, cuentan con una huerta de aromáticas y un ropero para entregar ropa sin cargo.
Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto. Allí las colaboradoras cocinan 400 viandas por día, cuentan con una huerta de aromáticas y un ropero para entregar ropa sin cargo. (Tomy Fragueiro)

Marcelino admite que parte de lo recaudado también se usa para las numerosas reparaciones que requiere la vieja Ford modelo 1987 con la que, diariamente, salen en busca de insumos y elementos para recuperar.

“Ya hemos dado como 100 créditos. A una mujer le prestamos para que se opere de la vista, después ella hizo empanadas y fue pagando. Otro monto grande fue para una persona que tenía que hacerse los dientes. También se dan microcréditos a gente a la que no le alcanza para pagar el gas o para terminar las cloacas", cuenta Marcelino.

"Ellos mismos ponen la fecha de cuándo van a pagar las cuotas. Devuelven en dos o tres veces. No fallan. Tenemos cero por ciento de morosidad”, destaca.

La herida de las adicciones y el olvido

Entre las mayores preocupaciones actuales figuran los adultos mayores.

“Lo que más impotencia me da es el sufrimiento de la gente grande. Vienen a buscar la comida muchos de ellos. Tienen que pagar alquiler o comprar remedios. Eso pega porque es gente que ha trabajado, han hecho patria, y terminan así”, dice Marcelino a La Voz.

Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto. Las colaboradoras cocinan 400 viandas por día, tienen una huerta de aromáticas y un ropero para dar ropa sin cargo.
Hogar María Madre de Dios, en Río Cuarto. Las colaboradoras cocinan 400 viandas por día, tienen una huerta de aromáticas y un ropero para dar ropa sin cargo. (Tomy Fragueiro)

Y agrega: “También vienen a buscar comida muchos jóvenes que están en situación de calle, que viven bajo los puentes, o en las obras. Las adicciones son moneda corriente. Ese veneno es una bomba para toda la casa, no solo para los chicos, pobrecitos. Falta el Estado ahí. Lamentablemente, el Estado tendría que humanizarse más”.

Marcelino señala que “si no existiera la droga, casi que no haría falta el comedor”.

Y apunta: “La sociedad cambió muchísimo. Desde el 2020, hay más jóvenes en situación de calle, y con adicciones. Nosotros cerramos el hogar por las situaciones de violencia, de peligro. Hay gente buena pero cuando les falta una base, todo se desmadra”.

Pone como ejemplo que, cuando funcionaba el hogar transitorio para personas en situación de calle, una noche un móvil les llevó a un hombre mayor, alcoholizado y sucio. “Lo traía en el baúl abierto. El policía dijo que lo traía así porque no se le aguantaba el olor. Y fue un chico, con grandes problemas de adicciones, el que enseguida fue a bajarlo, lo ayudó, lo abrazó. El lo atendió al abuelo”, recuerda.

Marcelino Estefanía, juanto a su esposa fallecida Norma, crearon el Hogar María Madre de Dios.
Marcelino Estefanía, juanto a su esposa fallecida Norma, crearon el Hogar María Madre de Dios. (Tomy Fragueiro)

Gestos como ese eran habituales en el hogar. Norma enseñaba: “Para ayudar a los pobres, primero, hay que amarlos”.

Los Estefanía muchas veces cedieron hasta su cama a los más vulnerables.

Una Nochebuena, estaban a punto de cenar cuando tocaron timbre del hogar. Norma fue a atender. Se demoró mucho en volver a la mesa. Estaba lavándole los pies lastimados a un anciano que vivía en situación de calle. “Hice lo que hubiera hecho Jesús”, dijo entonces la mujer a La Voz.

Río Cuarto. Vecinos asisten al Hogar María Madre de Dios, conducido por Marcelino Estefanía.
Río Cuarto. Vecinos asisten al Hogar María Madre de Dios, conducido por Marcelino Estefanía. (Tomy Fragueiro)

Hoy, Marcelino, sus hijas y las mujeres del comedor siguen honrando ese compromiso de amor y confianza, ocupándose en silencio de los más olvidados del “Imperio del sur”.

Para colaborar con el comedor: comunicarse al 358-5143894