122 años de La Voz. Una colección única: los diarios que una abuela guardó para que su familia recuerde la historia
Durante décadas, Norma Manjón conservó tapas emblemáticas de La Voz con la idea de que hijos y nietos pudieran leer el pasado tal como se contó en su momento.
“Recibía todos los días el diario porque era una costumbre en mi casa paterna. Después me casé y seguimos. Lo mismo cuando ya fueron mis hijos más grandes. Los domingos venían varias secciones y todas importantes y lindas. Empecé a conservar los ejemplares de sucesos importantes para mis hijos, pero después pensé también en mis nietos, en que ellos podían interesarse en estos acontecimientos especiales del país y el mundo”. Norma Emilia Manjón tiene 85 años y un tesoro en sus manos. Ella se encargó de guardar diarios La Voz del Interior para que las generaciones futuras “tomaran contacto con aquella realidad” releyendo esos viejos ejemplares.
En realidad, esas “joyitas” que conservó con tanto empeño, hoy están bien custodiadas por su nieto “Fran”, que las heredó y decidió ponerlas en valor encuadrando algunas que seguramente lucirá en algún ambiente de su casa. Para él representan la historia misma, pero también la de su abuela Norma. Una docente que comenzó su carrera en escuelas rurales, pero sigue enseñando con cada una de sus palabras. Su vocación está intacta y su amor por la lectura también.
“¿Por qué guardé todos esos ejemplares? Porque en su momento pensé que estaban pasando cosas tan importantes que yo tenía que guardar para que mis hijos supieran bien cómo era, porque después el boca a boca va deformando un poco las cosas. Entonces, con esto, ellos iban a conocer bien lo que pasaba en esos determinados momentos importantes”, contó con orgullo a La Voz.
Entre esos ejemplares icónicos, que escribieron parte de nuestra historia, está una réplica del número cero (el primer diario publicado por La Voz del Interior el 15 de marzo de 1904), que se reeditó con motivo del centenario de este medio, con una recopilación de tapas trascendentales a lo largo de los primeros 100 años. También, el que reflejó la obtención del primer Campeonato del Mundo de fútbol (Argentina 1978), la visita del papa Juan Pablo II y las del desembarco argentino en Malvinas y el posterior retiro de las tropas.
–¿Recuerda cuáles fueron las sensaciones al recibir el diario y ver en primera plana el titular del desembarco en Malvinas?
–Sensaciones encontradas; porque era una maravilla de que nos hubiéramos atrevido a decir "les vamos a ganar a los ingleses y las Malvinas van a ser nuestras". Y por otro pensar, "¿pero seremos capaces? Yo no creo que estemos tan preparados para poder lograrlo". Al principio fue una sensación de alegría terrible.

La Voz la acompañó en su rol docente
El paraje rural Puesto de Fierro, en el departamento Tulumba, fue el primer mojón en el camino de Norma en la docencia y el diario también fue su compañero mientras ejerció dicho rol. “Cuando falleció Kennedy, eso nos impactó a todos. Yo era maestra rural en la escuela Manuel Belgrano, en Puesto de Fierro. Mi mamá me mandaba todas las semanas una caja con comida ¡y el diario!”, describió quien años más tarde fuera asignada a la escuela República del Perú, una institución en la que también vivió una situación muy especial.
“Durante la Guerra de Malvinas yo daba clases en la escuela República del Perú. En un momento nos enteramos de que había sido declarada zona roja, era una zona de peligro por la cercanía con la Escuela de Aviación y la Fábrica de Aviones. Se temía que la zona pudiera ser bombardeada. Hacíamos simulacros, había que apagar todas las luces a determinada hora y en la escuela se habían organizado refugios. Cada manzana tenía un jefe de manzana que agrupaba a la gente para llevarla al refugio. Y sí, esperábamos el diario para saber las novedades”, agregó.
Pero Norma Manjón no sólo guardó diarios, también lo hizo con coleccionables y la revista de los domingos. Cada uno de esos ejemplares tiene una razón por la que fue conservado y, por qué no, una carga emocional. “Me puse a revisar las cosas que tenía guardadas y si tuviese que elegir algo de todo esto, sin dudas, me quedaría con una colección que mostraba todos los avances de la industria”, dijo quien fuera la presidenta del Centro de Jubilados de Barrio Parque Capital y en cuyo mandato construyeron el centro actual.

Y agregó: “Me gusta repasar cómo fue avanzando todo hacer la vida más cómoda, más llevadera, las marcas de las cuales me acuerdo. Con mis 85 años fui testigo de todo lo que se ha inventado y cómo se fueron actualizando esos inventos. Comencé yendo a la escuela con un tintero y una pluma; ¡vivíamos siempre manchados de tinta y era un desastre! Primero era todo de vidrio, después comenzó la era del plástico. Cuando se inventó la birome fue espectacular. Me gusta recordar todo eso y más en esas revistas”.
Norma siempre quiso dejar su legado de lectura, curiosidad e inquietudes a las próximas generaciones. Esa posibilidad de ser testigos de la historia a través del diario.
–¿Cumplió su objetivo de que hijos y nietos tomaran la posta?
–Sí, no todos, porque son diferentes. Algunos a lo mejor lo vieron pero no le dieron importancia; otro sí, mucha. Cuando tuve que desocupar el espacio donde guardaba los diarios hablé con mi nieto Francisco, él había empezado a estudiar Comunicación Social, y le dije que en algún momento le podía servir. Y le sirvió.





